El cineasta belga, Lukas Dhont, es un conocido en el ecosistema del Festival de Cannes. Ya había estado en las secciones paralelas con Girl y Close, donde llamó la atención de la audiencia y la crítica.
Todo quien ha asistido su filmografía sabe que hay temáticas que la cruzan como la identidad, el deseo y la vulnerabilidad. “Coward” lo hace también, pero esta vez en uno de los momentos más difíciles de la humanidad, el contexto de la primera guerra mundial.
Cobarde
Pierre tiene 19 años y es obligado a ir a la guerra. No quiere estar ahí. Ver la miseria de la condición humana en su momento más álgido no le permite dejar de tener miedo constante a morir, a perder su vida en la batalla y no cumplir sus sueños. Pero ese no es un lugar para dudas, no hay espacio para el temor, ni tiempo para poder procesar lo que ocurre. Solo debe automáticamente, casi sin dejarse sentir, el cargar hombres fusilados y aguantar sus sentimientos ante los demás. A pesar de que es de pocas palabras, cuando las emite prefiere quedar bien con el grupo que demostrar lo que realmente siente cediendo frente a la presión social.
En ese sentido, un actor sin experiencia previa- como ya lo ha hizo Dhont en su selección para Close-, Emmanuel Macchia, es el perfecto cast para realizarlo. Sus movimientos son lentos, es observador y se contrae frente al resto, es casi como si quisiera ser invisible, hasta que conoce a Francis. Un espectacular Valentine Campagne que se contrapone a esa introspección a punta de canto y Can-can.

Francis dirige un grupo de artistas que se encarga de llevar arte a los militares de guerra y altos mandos. Personificado como una cantante, hace shows donde es el protagonista y se lo toma con una seriedad absoluta porque según sus palabras es la única entretención que pueden tener en una situación como esta. Pierre (Macchia), queda fascinado con la libertad (dentro de lo que una guerra permite) se mueve y cómo aborda el estar ahí. Es como si el arte le permitiera hacer catarsis de ese mundo lleno de dolor al que se ven sometidos y tanto como Pierre admira esa resiliencia, Francis queda cautivado por este misterioso y reservado joven que lo mira como si no existiera nadie más.
Es así, como bajo una cinematografía extraordinaria de Frank van den Eeden, una profunda historia de amor nace desde uno de los dolores más grandes de la humanidad y hace reflexionar sobre qué es ser cobarde. Lo que cruza no solo el querer irse y escapar lo que es sentenciado como traición cosa que Pierre persigue durante todo el film- sino también el atreverse a ser quién eres en todo periodo de tiempo para encontrarte con tu identidad. Francis no apoya esa decisión, desertar no es una opción para él. Ser nómade de un centro de guerra a lugares de heridos para entregarles entretención se ha vuelto un escudo para poder encapsular los dolores de la guerra y a pesar de que corresponde totalmente el amor por quien lo encontró en el lugar menos inesperado y se sumó a su grupo solo para hacerle compañía, no puede dejar de hacerlo ni irse con Pierre.
Luego de diversos intentos, incluso en una feroz escena donde Pierre se autoflagela para lograr su objetivo, es la vida la que los invita a darse una segunda oportunidad y bajo un dibujo de una montaña- que es donde soñaban ir- los anhelos una vez compartidos podrían llegar a concretarse…o tal vez no.
Conmovedora hasta las lágrimas, de una potencia inigualable visual y narrativamente, el cineasta belga se supera en la capacidad de visibilizar el amor en la dificultad, donde nadie lo espera pero que existe, donde la homosexualidad se muestra en todo lugar porque en todo lugar ha estado en la historia y la reivindica de la mejor manera, con un film emocionante y unas actuaciones extraordinarias que podrían llevarlos a ganar el premio de mejor actuación en Cannes, si no, la Palma de Oro.
Lukas Dhont, se supera nuevamente y recién tiene 34 años. Larga vida filmográfica para el realizador que nos da un tremendo y sexy viaje emocional.
