Reencontrarnos con nuestros seres queridos que partieron antes que nosotros, es un viejo anhelo de los seres humanos reservado, según la fe, para la vida eterna. Pero la realidad virtual y la inteligencia artificial le ofrecen a la joven médica especializada en operar usando nuevas tecnologías, Olivia (Paulina Moreno), la posibilidad de reunirse con su pareja Elisa (Paula Hofmann) que acaba de fallecer en un accidente, en la película de ciencia ficción y drama íntimo El Claro, de la directora Maira Carrasco.
Además del dolor por la pérdida de su amor, Olivia debe enfrentar las trabas de un sistema que no le permite tomar decisiones sobre la sepultura de su pareja por no considerarla familiar directa, dado que no estaban casadas (drama que ya había sido abordado en el cine chileno por Sebastián Lelio en Una mujer fantástica, hace ya casi una década).
La discriminación de la diversidad sexual es una de las tramas de El Claro, sobre la que su directora alertó que en la actualidad las personas como la protagonista no tienen sus derechos garantizados, en la premiere de esta película de egreso de la Universidad del Desarrollo (UDD), la última de las veinte producciones en sus dos décadas de funcionamiento.

Sin embargo, son las posibilidades de la tecnología para apoyar -o no- el proceso de duelo de Olivia las que principalmente aborda El Claro, nombre del proyecto experimental que le permite a Olivia a través de anteojos y un traje de realidad virtual, no sólo ver a Elisa, sino también sentirla, abrazarla y hasta olerla mientras caminan por la playa.
¿Puede, entonces, un dispositivo técnico contribuir a «sanar» a la protagonista que sólo añora tener en sus brazos a su pareja y no tuvo suficiente tiempo para vivir su amor (llevaban sólo un mes viviendo juntas)? O, por el contrario,
¿encontrarse con ella virtualmente frente al mar o en una fiesta juvenil donde la bailarina (Elisa) comparte también con otras mujeres, no hace más que ahondar la herida y confundir los planos de la realidad y la ilusión?
En ese sentido, podría haber contribuido al guión el que hubiera faltado algo por decir, una conversación o un tema pendiente entre ellas que justificara, relevara y le diera mayor desarrollo dramático a los encuentros virtuales.
Del mismo modo, en esta película estudiantil faltó mayor desarrollo del personaje de la madre de Elisa (que no comprendía las decisiones de su hija fallecida), que tiene una incipiente reflexión sobre la tecnología como un dispositivo que podría negar la pérdida, que habría sido interesante profundizar.
Los temas anteriores, especialmente porque la película está inspirada en un hecho real ocurrido en Corea del Sur, en que la ciencia recreó a una niña fallecida de cáncer para que su madre pudiera verla por última vez y despedirse.
El Claro inevitablemente recuerda al notable episodio San Junípero de la tercera temporada de la serie británica Black Mirror, en que dos mujeres se conectan a través de un conector neuronal saltando entre distintas épocas para disfrutar de fiestas y discotecas. Para enfrentar la muerte a su avanzada edad, deciden trasladar sus conciencias a cuerpos jóvenes eternos en una ciudad y playa generadas por un simulador.
Para seguir ahondando en las posibilidades tecnológicas para enfrentar la pérdida de un familiar, la muy interesante serie mexicana recién llegada a Netflix Futuro desierto abre nuevas preguntas (especialmente en el primer y tercer capítulo), en que explora el surgimiento de agentes no biólogicos inteligentes (ANBIs) que son alimentados con recuerdos y experiencias de los humanos como una Inteligencia artificial, para reemplazarlos en sus familias, con todas las implicancias éticas y emocionales que ello conlleva para sus miembros.-
