Los tres años de investigación en terreno que emprendió el director y antropólogo visual Christopher Murray en Chiloé, adentrándose en su cultura, historia y mitologías, hacen de Brujería (2023)-que vuelve a la pantalla grande en la Cineteca Nacional- una ficción con valiosas narrativas culturales sobre el colonialismo implícito en el juicio a los brujos chilotes en 1880 que efectivamente ocurrió en la Isla Grande.
Influido por su abuela Gabriela que vivió en Ancud y le contaba historias de brujos, Murray se dio a la tarea de investigar las leyendas chilotas que conforman una atmósfera de misterio, drama fantástico y suspenso en la ficción realizada en la isla de Quincaví. Desafiantemente filmada en mapudungún, alemán y castellano, Brujería es su segunda película en solitario después de Cristo ciego (2016) y de sus tres con el colectivo MAFI (Manuel de Ribera, Propaganda y Dios).

A partir de la búsqueda de justicia por el asesinato de su padre a manos de colonos alemanes, la joven huilliche Rosa (la actriz natural de ascendencia mapuche Valentina Veliz Caileo) se irá adentrando en el misterio de La Recta Provincia, en un proceso de sincretismo religioso que combina la religión católica adquirida a través de sus patrones europeos y los conocimientos ancestrales de la comunidad indígena.
Sola y angustiada por la pérdida de su padre asesinado por los perros que soltó el alemán Stefan (Sebastián Hülk, conocido por la serie Dark) tras encontrar sus ovejas muertas con signos de brujería (un cordón tejido con juncos en el cuello), la pequeña Rosa buscará justicia en el Estado en la figura del alcalde (Daniel Muñoz), quien no sólo no le prestará ayuda, sino que impulsará un juicio histórico en contra de su comunidad.
La iglesia tampoco le brindará la ayuda que necesita. Hasta que, sin saberlo, toca las puertas del líder de La Recta Provincia, Mateo Coñuecar (Daniel Antivilo), quien le asegura que mataron a su padre, porque «la vida de un indio no importa un carajo», y encontrará en la organización indígena el apoyo y el conocimiento ancestral para enfrentar la impunidad estatal.

Acusados de delincuentes y de ser un grupo rebelde que ajusticia a cambio de pagos, el juicio a los brujos implicó un choque directo entre tradiciones mágico-ancestrales de los pueblos originarios y el discurso modernizador del incipiente Estado chileno. Desde el banquillo de los acusados junto a muchos integrantes de La Recta Provincia, Mateo Coñuecar sentencia: «aquí yo no veo tribunal ni república».
El enfoque de la antropología visual aplicado por Murray se refleja en Brujería en la recreación de atmósferas históricas, sentido de instituciones, relaciones de exclusión o el rescate de elementos de época que se usaban como castigo (equiparables a la tortura), como el cepo en el cuello que le pusieron a los acusados en la orilla del mar, a riesgo de ahogarse. Una escena especialmente impactante en la película.
Uno de las líneas narrativas más interesantes de Brujería, es el viaje de iniciación, empoderamiento, autoconocimiento y búsqueda de justicia por el asesinato de su padre que emprende Rosa siendo apenas una niña, que va desde su incipiente acercamiento a la comunidad secreta en búsqueda de apoyo y la adquisición del conocimiento ancestral hasta convertirse en la lideresa del clan, cuando recibe el chaleco de piel humana que permite salir de la propia piel y desaparecer. El interés del director chileno por recuperar una historia del pasado, como el juicio a los brujos chilotes en 1880, para hacer resonar sus ecos en problemáticas actuales se cristaliza en Brujería con una evidente lectura política sobre la legitimidad de las reivindicaciones de los habitantes originarios de la isla grande de Chiloé (que podríamos extender al wallmapu), frente al cuestionamiento a los afuerinos que llegaron para colonizarla (la ocupación alemana terminó siendo fallida en Chiloé, porque no lograron adaptarse a las condiciones insulares).

Su afán queda claro desde el inicio de esta ficción que tuvo su estreno mundial en Sundance, con el texto del testimonio de un imputado en el Tribunal de Chiloé que afirma que para los colonos que llegaron a la isla éste es el fin del mundo; mientras que para los que estaban de antes, éste es el comienzo.
La llamada «brujería» por la que muchos grupos han sido estigmatizados y condenados a lo largo de la historia humana, es para el Murray una expresión de resistencia cultural contra el colonialismo y el abuso sufrido de manera estructural por los indígenas.
