“Wild Horse Nine”: Monument Valley, el comienzo mítico de todo

John Ford proclamaba que él no era ningún artista, sino que sólo hacía películas del oeste. Sin saberlo, pertenecía a un tipo de autores artesanos para los cuales el cine era una forma honrada de ganarse el pan, y en esa total ausencia de pretensiones latía su grandeza como narrador. En el panorama contemporáneo podemos hallar también a algunos maestros del oficio, véase James Gray, David Fincher -más afín a una línea hitchcockiana-, los ya separados hermanos Coen o el mismo Martin McDonagh, quienes, en el ocaso de la industria del entretenimiento, hacen cine sintiéndose parte de una trama mayor.

Hollywood afronta una época bastante similar a la de los años 70, momento en la que se ambienta la sensacional “Wild Horse Nine” (antes del golpe de estado de Pinochet en Chile, en septiembre de 1973). Cuando Scorsese, Spielberg o Cimino empezaban a familiarizarse con el medio, Ford, Howard Hawks o Henry King presentaban sus últimos trabajos, echando el cierre de un cine clásico del que se han conservado concepciones demasiado unívocas. Películas como “Wild Horse Nine” evidencian que lo clásico no es tanto una tendencia creativa, sino un espíritu, un modo de hacer que busca un equilibrio en las formas y en la puesta en escena.

Fotograma Película Wild Horse Nine

“Wild Horse Nine”, presentada en el concurso oficial de la Mostra, articula una formidable parábola política sobre la senectud, los códigos de la violencia y la mentira como forma de vida y de relacionarse con los demás. Es una buddy movie puramente contemporánea, con cuerpo de wéstern, reacia al melodrama -en ningún momento McDonagh busca la lágrima, tampoco en sus anteriores filmes- y un afilado humor negro.

La trama gira en torno a un ex agente jubilado de la CIA y a su socio, quienes, tras una larga vida de crimen y de implicación activa con las fuerzas estatales del orden, se retiran a la isla de Pascua (Rapa Nui) con un objetivo concreto que se desvela conforme avanza la cinta, y que será lo que dotará a las imágenes de un sutil aliento crepuscular. La seguridad de la filmación y del montaje, sin embargo, atestiguan que estamos ante un cineasta en la plenitud de su dominio sobre el lenguaje fílmico.

Fotograma de la Película Wild Horse Nine



Este crítico no recuerda ver tan bien a John Malkovich en un papel; sus ojos rezuman total sinceridad en cada escena, y está acompañado por un entregado y sardónico Sam Rockwell. Por Otra parte, la actuación de la chilena Marianna DiGirolamo está impecable como una representante de una idea de justicia en construcción. El director, en ese sentido, logra, mediante la filmación de su rostro, la perfecta expresión contenida de la artista.  

Esta puede ser una película tan importante en su impacto como «Una Batalla tras Otra», ya que nos hace entender que la crueldad está íntimamente ligada a las formas de poder cíclicas que engrasan los pilares más básicos de la declinante sociedad occidental.

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