East of Eden: el arte de tomarse el tiempo

En estos tiempos donde impera la inmediatez de la opinión rápida y el consumo acelerado, tanto la producción de la miniserie East of Eden como escribir sobre ella van completamente a contracorriente.

A esta nueva adaptación le tomó varios años edificarse y a mí me llevó varios días procesarla, sencillamente porque quedé tan embelesada con la transposición de este clásico que necesité parar, apreciar y habitar sus capítulos un tiempo más.

Fotograma de East of Eden gentileza de Netflix

Y ya que hablamos del tiempo, el concepto de temporalidad la atraviesa en todos los sentidos. Es una historia generacional, pero también una que dialoga de forma íntima detrás de cámara: quien lidera el proyecto como showrunner y guionista es Zoe Kazan, nieta del mismísimo Elia Kazan, quien dirigió la célebre película de 1955 que inmortalizó a un joven James Dean en la memoria colectiva del cine como Cal Trask.

¿Por qué se siente tan admirable e imprescindible esta propuesta de Netflix?

A Zoe Kazan le tomó seis años desarrollar este sueño que comenzó en la pandemia, cuando decidió volver a la novela de John Steinbeck que había leído a sus 15 años. Todo ese cuidado se trasluce en la pantalla: desde el guion hasta la cinematografía, pasando por la puesta en escena, las actuaciones y la banda sonora, East of Eden se erige con total solvencia como una de las joyas del año.

Hay dos grandes virtudes en esta serie que trascienden generaciones. Conocíamos en el cine de Elia Kazan su devoción por el trabajo actoral y esa puesta en escena casi teatral que elevaba el texto original. Zoe recupera esa misma vena expresiva. Las actuaciones de Florence Pugh, Mike Faist, Christopher Abbott, Hoon Lee, Ciarán Hinds y Joseph Zada se sienten tan frescas y vivas que hacen que una trama ambientada en la Guerra de Secesión se perciba atemporal, sostenida por diálogos de un aliento novelesco y casi shakespeareano en el mejor de los sentidos.

Como bien dice el personaje de Hoon Lee, esta historia es la historia de la humanidad: todos queremos ser deseados, la cuestión es qué hacemos con eso. Steinbeck nos habla de hermanos enfrentados por la atención y el amor paterno, un conflicto moral que se arrastra y reaparece en la siguiente generación. Todo bajo el peso de alegorías bíblicas donde el mal acecha como una tentación constante, encarnado aquí en el personaje de Cathy.

Zoe Kazan se anima a explorar la complejidad de la maldad y la desolación. Florence Pugh está sensacional como esta mujer calculadora y despiadada; pero lejos de reducirla a un arquetipo, el tándem entre la interpretación de Pugh y la pluma de Kazan dota al personaje de una fascinante capa de grises en un mundo donde nada es en blanco y negro.

Sin embargo, el verdadero corazón y faro de esta historia es Lee, el cuidador chino interpretado magistralmente por Hoon Lee. Él es el encargado de brindarle luz a la trama y de introducir la palabra fundamental de la obra: Timshel («tú podrás»), esa lección sobre el libre albedrío y qué hacemos con lo que nos pasa frente a un destino que parece impuesto.

Lenguaje cinematográfico y una experiencia sonora sanadora

East of Eden es un triunfo narrativo, pero también un despliegue técnico impecable. Detrás de la dirección se reparten los episodios dos cineastas extraordinarios que comprenden a la perfección la escala de la tragedia y la intimidad del drama: Garth Davis (Lion), a cargo de los episodios 1 al 4, y Laure de Clermont-Tonnerre (Lady Chatterley’s Lover), al mando de los episodios 5 al 7.

Fotograma East of Eden, gentileza de Netflix

Pero uno de los aspectos que más me fascinó de toda la propuesta fue la banda sonora a cargo de la compositora Laura Karpman. Su trabajo musical no es un mero acompañamiento; es una capa lírica y melancólica que ayuda a resignificar a las figuras femeninas de la historia. Karpman logra que la música le dé voz al dolor y a la búsqueda de libertad y ofrece una atmósfera sonora profundamente humana y trágica que envuelve cada escena.

East of Eden es una obra magistral, madura y pausada sobre las decisiones, la culpa, el perdón y las marcas familiares. Quedan más que invitados a recorrer esta emocionante historia generacional de siete episodios.

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