Maríaluisa Ernst, la directora, escritora y productora del documental, vio a su madre existir con su alegría innata toda su vida, pero también, sabía que en algún lugar estaba ese dolor de haber perdido a su hermano Guillermo en la dictadura argentina. Esa dicotomía la llevaría a hacer un viaje de diez años que marcaría su vida investigando y viviendo la pérdida ambigua en: “El Lugar de la Ausencia”.
La realizadora nacida en Chile y que reside en Nueva York, se embarca en una inmersión casi etnográfica con las caravanas de madres del grupo “Missing Migrants”, quienes buscan a sus hijas desaparecidas en México y Centroamérica, y que si bien, van dejando piezas de ellas en cada lugar donde obtienen un no cuando muestran las fotografías de sus hijos, la esperanza del sí, se convierte en el motor que las hace no desistir y seguir intentando reconstruir estas vidas que quedaron suspendidas en fragmentos.

El Lugar de la Ausencia: Primer Largometraje y camino al Oscar
El documental se aleja de lo cuantitativo y se acerca a lo humano. Tiene una belleza poética que mixtura la experiencia personal de la cineasta, el arte performático, la cadencia de la voz en off y madres que ponen una cara visible a historias marcadas por el dolor de pérdida, pero también, por esa empatía que nos demuestra el lado más gregario e intrínseco en la sociedad.
Tres generaciones cruzan el filme, aunque no son siempre las protagonistas. La madre de María Luisa, la realizadora y su pequeña hija, en un entrelazado de descubrimiento de memoria emotiva y corporal que va pasando de generación en generación hasta que se visibiliza para comenzar a sanar heridas pasadas que se vuelven comunes a través de las madres. Y, que, a su vez, se acompaña de una historia que trasciende y que es la democracia, la defensa de ella y las consecuencias que aún están presentes en este mundo que nos hacen dar cuenta de cuán volátil puede ser.
Es interesante ver cómo en este ritmo pausado y cargado de reflexión se empieza a construir este lenguaje universal. El que no responde a una sola causa, pero sí, a una emoción final, la de la ausencia y la pérdida. Desde las dictaduras latinoamericanas, desde la trata de personas, desde la violencia de género, sea la causa que sea, madres relatan sus historias; a veces con una lágrima de memoria otras, vislumbrando una leve sonrisa de esperanza.
El trabajo de la documentalista tardó más de diez años en hacerse, eso también incluye la edición de todo el material recolectado en sus viajes y la decisión de contar su historia dentro de su obra. Ser parte y extensión de ella.

Producido ejecutivamente por Kirsten Johnson y con dos protagonistas que cruzan la narración de la realizadora: Anita Zelaya y Leticia Martínez, madres que, en su viaje con la foto de su hijo y su hija, respectivamente al cuello, recorren pueblo por pueblo preguntando a cada transeúnte con el que se encuentran por ellos.
“A Place of Absence” deja un estado de reflexión profunda, de tiempos intermedios y esperanza. Esa que trasciende lo personal y se vuelve colectiva. No es solo una búsqueda de justicia es un acto transformativo y revolucionario de resistencia, como una oda a la resiliencia.
Con una visualidad que muestra el lado más artístico y performático de Marialuisa Ernst el documental transmite emociones en forma de texturas, sea en un frondoso bosque o en un bus, sea a través de la belleza de la maternidad como del dolor ambiguo de ella.
Ese balance, entre voces expertas y quienes los viven en su propia cotidianidad, es la que le da ese tono único a esta pieza presentada recientemente en Nueva york, que llega al Festival Internacional de Cine de Santiago SANFIC, este 6 y 7 de noviembre en la sección Mujeres en foco, y que va camino al Oscar 2027.
