Ceniza en la boca: el dolor del desarraigo migratorio

El actor y director mexicano Diego Luna presenta en SANFIC22 su última película “Ceniza en la boca” basada en la novela del mismo nombre de la escritora mexicana Brenda Navarro. El elenco está conformado por Anna Díaz, Adriana Paz, Luisa Huertas, Guillermo Rios y Sergio Bautista, entre otros.

Es la obra más personal del director Diego Luna, quién ha señalado que la migración y el abandono familiar son temas que forman parte de su historia personal y que son pilares fundamentales de su filmografía. 

La película presenta la historia de Lucila, una joven de veintiún años, que vive en Madrid junto a su madre Isabel, la pareja de ella y su hermano de catorce años Diego. En la primera escena vemos cómo la madre abandona a sus hijos para partir a Madrid para tener una mejor vida. Un salto en la narración nos muestra a Lucila ya grande, trabajando de niñera, repartidora de comida, haciéndose cargo de su hermano y teniendo una relación amorosa con un “gringo” (descubrimos prontamente que le ha dado a entender a su pareja que ella estudia en la Universidad cuando no es así) y las amigas migrantes que hacen lo mismo que ella, cuidar niños. 

La actriz Anna Díaz, quién interpreta a Lucila, pasa por todos los matices de un ser complejo que vive situaciones intensas y dramáticas a su corta edad. Me recordó mucho a la serie “Maid” protagonizada por Margaret Qualley, cuando vemos que Lucila decide dejar el hogar que comparte con su madre y hermano para irse a vivir a Barcelona, comenzar una nueva vida y partir de cero, pareciera tener un respiro pero la tragedia familiar irá a tocarle  la puerta para arruinar sus planes de surgir y lograr su independencia. 

La premisa de la cinta nos muestra que el vivir fuera de sitio y la experiencia migratoria se alejan bastante del “sueño de tener una mejor vida” al dejar el país de origen. La película se vuelve relevante porque la migración de latinoamericanos hacia España es una de las más altas debido a la inestabilidad económica, crisis política e inseguridad que lleva a las personas a escoger este país por el idioma compartido y la cercanía cultural.

Fotograma Ceniza en La Boca

El racismo, la precariedad laboral y el desarraigo se vuelven en una carga constante para Lucila.  Que no logra romper el círculo y los mandatos familiares. 

La película tiene muchos aciertos. Logra llevar fielmente la novela a la pantalla grande, mostrar esa sensación recurrente que sienten los personajes de sentirse extraños en un lugar que se vuelve muy hostil, en ese aspecto la música de la compositora española Raquel García-Tomás logra romper los eternos silencios con estallidos musicales que generan tensión. 

La estructura circular de la película, comienza de la misma manera como termina, es un recurso logrado para manifestar cómo se repiten los mismos patrones en una familia y que es muy difícil romper la lealtad hacia el linaje. 

Así como tiene buenos puntos, tiene algunos elementos que no logran convencer. Las transiciones de las escenas, que se van a blanco, según mi apreciación es un recurso que no está bien logrado para marcar los distintos cambios de Lucila. 

Por otra parte, hay escenas que no aportan mucho a la historia y provocan que la película vaya perdiendo fuerza. Son dos aspectos que no opacan una película que me parece muy relevante en estos tiempos y que genera una conversación necesaria con relación a lo que es vivir en el margen.

“Ceniza en la boca” la puedes ver en SANFIC, Santiago Festival Internacional de Cine 2026

¿Te gustó este artículo?

Compartir en Facebook
Compartir en Twitter
Compartir en LinkedIn
Compartir en Gmail