Pugh y Garfield dan las mejores actuaciones de su carrera en «We live in Time»

A veces que tu trabajo sea ver continuamente películas, incluso al amar las narrativas e historias, hace que vayas naturalizando el asombro. Hoy, fue uno de esos días en que asistes algo tan bien hecho y emotivo que esa conexión se vuelve tan fuerte como la primera vez que lo sentiste al ver algo tan majestuoso. Lo que te hace agradecer esta disciplina artística que es capaz de conectar con corazones de todas partes del mundo.

Lo nuevo de A24 y dirigido por el talentoso John Crowley (Brooklyn) hace que el espectador logre hacer una inmersión en la vida de una pareja que logra invitarte a su vida más íntima y pasar con ellos sus penas y alegrías, que tantos de nosotros hemos podido compartir en nuestras vidas lo que hace que nadie que la asista no se pueda sentir identificado de alguna manera u otra manera.

Andrew Garfield es Tobías, un sensible joven que conocemos junto a su pareja Almut, interpretada por una talentosísima Florence Pugh que hace una de las mejores performances de su carrera. Son una pareja que se ríe de sus momentos cotidianos. Ella es una chef exitosa, con una estrella Michelin a su haber y un promisorio futuro. Por su parte Tobías es un empleado de una empresa, que no tiene mayor influencia en la trama como sí lo es el trabajo para su pareja.

Su relación cuando primero los conocemos es idílica, pero el director nos llevará en un recorrido de hacia adelante y hacia atrás, que nos hará sonreír de alegría y llorar hasta las lágrimas por los caminos que tienen que transitar.

Podemos verlos con una hija y luego no, cada uno por separado y después juntos y ese salto temporal narrativo la hace hipnótica para el espectador. Podemos ver a Almut sentada en el baño respirando profundamente por las contracciones que siente cuando está pronta a parir y al segundo siguiente están sentados en una sala de hospital mientras le dan la noticia a la joven Almut que tiene cáncer de ovario en grado tres, donde los ojos más expresivos que he visto del actor Andrew Garfield hasta la fecha se van llenado de lágrimas mientras obsesivamente apunta cada detalle en una libreta, mientras su pareja mira con la mirada perdida al infinito intentando digerir las palabras que le acaban de entregar.

Una pregunta es la que transita durante toda esta película y es la que la protagonista le hace al salir de la consulta en otro salto temporal ¿Vale la pena el tratamiento que te destruye el cuerpo y la vida mientras lo haces o es mejor disfrutar lo que queda al máximo?  Dejando al espectador saber que ya pasó por eso una vez.

La química que tienen en pantalla el dúo de actores hace creer que cada palabra que dicen la sienten con lo más intrínseco de sus entrañas y subconsciente es brutal, te desarma como espectador porque lo vives con ellos, mientras te encuentras secándote las lágrimas que espontáneamente caen por cómo opera la magia del cine, y esto no solo me pasó a mí, sino que sentía y veía cómo otros profesionales de la industria cinematográfica, rápidamente pasaban sus manos por el rabillo del ojo para secarse las lágrimas y no ser.

Para no contarles toda la historia y esperar a su lanzamiento en Latinoamérica para adaptar la reseña, les diré en términos de análisis que la profundidad de las múltiples capas de la película de Crowley, es una inspiración. Desde la enfermedad cuestionarte cómo quieres vivir tu vida, cómo quieres que te recuerden tus hijos, cómo vivirlo, quién tienes a tu lado y cómo te acompaña, qué hace la sociedad cuando conoce una enfermedad, la maternidad y por sobre todo el amor.

Una de las mejores películas que he visto en la programación del Toronto Film Festival.

Florence Pugh y Andrew Garfield brillan en Toronto con sus actuaciones
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