El directir David Gordon Green (The Exorcist Believer) transita del horror al Dramedy en una tierna pero cursi película familiar.
Incluso con el querido Ben Stiller como protagonista, que siempre da lo mejor de él en las comedias, y teniendo una historia que está llena de momentos que podrían haber sido más emotivos, “nutcrackers” se queda corta y es predecible y débil en algunas escenas.
Ben Stiller es el tío Michael, su hermana y su cuñado murieron en un accidente y viaja desde su casa a un Ohio alejado de la ciudad misma, para ver algunos trámites para la adopción de los cuatro hijos de su hermana, interpretados por los hermanos en la vida real Homer Janson, Ulysses Janson, Atlas Janson, y Arlo Janson, quienes viven prácticamente solos en una casa llena de animales, suciedad y absolutamente nada nutritivo para mantenerlos.
Michael (Stiller) no puede tener menor relación con este pueblo rural donde nació, pero hoy llega en un Porsche amarrillo con música de fiesta que se escucha incluso con sus ventanas arriba y que intenta desesperadamente buscar señal de celular (que no hay en el lugar) para cerrar un trato importante de bienes raíces para la empresa que trabaja.
Es así como se presenta a la asistente social que ayuda a buscarle casa a los cuatro niños, interpretado por Linda Cardellini, quien tiene como misión intentar que los hermanos no sean separados en hogares de menores y en casas diferentes. En su primer encuentro, una mujer va saliendo de la casa con maleta en mano, apuradísima por salir de ir, era la última cuidadora de los niños, lo que nos da un indicio de lo que el “Tío Michael” tendrá que apoyar.
Los cuatro niños, de edades diferentes que van desde una adolescente, pasando por uno que debe tener unos 13 años, a los gemelos, están en pleno duelo, son niños que están buscando cariño y contención y no saben cómo lidiar con eso por lo que exploran sus límites y abusan de quien quiera que venga a intentar tener una relación con ellos.
En ese sentido haber puedo en el cast a Ben Stiller tiene sentido, el Tio Michael no “Mike” no tiene ninguna pizca de sentido paternal, los trata sin ningún tipo de cariño y les deja claro que su prioridad es terminar su presentación para cerrar el trato laboral pendiente.

Uno de ellos le remarca esto diciendo mi mamá tenía razón con lo que decía de ti “estas incapacitado para amar a alguien”, lo que deja reflexionando al personaje del tío Michael, pero no tanto para cambiar su estilo.
En todo este proceso vemos un clásico bullying por parte de los niños al tío, situaciones cursis donde obviamente sabes lo que va a pasar cuando lo invitan a matar con sus manos una gallina o meterse en medio de una laguna para buscar señal de celular, lo que se vuelve a veces difícil de presenciar, pero se entiende el sentido del director de querer darle una emocionalidad que vaya construyendo esta relación de los niños y su tío desde la nada.
El film está escrito por Leland Douglas, quien en su guion va desarrollando ese vínculo y vamos viendo en pantalla cómo se van creando lazos que va conmoviendo al protagonista quien termina contando cuentos para dormir (Rambo) o aconsejando al adolescente con sus cartas de amor.
Así también de a poco el protagonista comienza a redescubrir la historia de su hermana con quien no hablaba hace mucho tiempo por una pelea con su pareja, vemos su amor por la danza y se reencuentra con su estudio de Ballet que está a punto de ser vendido por no pago.
Ahí comienza la historia más familiar de este tío y sus cuatro sobrinos que entre locuras y cariño, hacen una película que puede ser a ratos predecible, pero que hará que asistas uno de esos tantos films que te dejará el corazón lleno cuando te paras de tu asiento.
Nada nuevo, un cambio de género fílmico importante para el director, buenas actuaciones de Stiller, Cardellini y los hermanos, pero la recomendaría para película de domingo.
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