“The Brutalist”: ¿La experiencia cinematográfica del año?

La experiencia cinematográfica del año. Visualmente impresionante y narrativamente disruptiva, hipnotizará al público y lo sumergirá en el mundo de Corbet durante tres horas y media, que parecen nada al contemplar esa magnífica obra de arte.

Dirigida por Brady Corbet, escrita por Brady Corbet y Mona Fastvold, la película, que dura 3 horas y 35 minutos, con un intermedio de 15, no permite que ningún amante del cine se pare de su butaca y ose irse ante esta hipnótica presentación más encima disfruta en 70mm ¿qué?, pues sí, porque lo merece y porque puede.

La historia se centra en la vida de Lázló Toth un arquitecto que después de la guerra escapa a Estados Unidos a reconstruir su vida, dejando atrás con el dolor de su alma a su pareja y a su sobrina que fueron forzadas a esta separación por el contexto mundial

Lazlo, llega a Estados Unidos con la icónica imagen de Ellis Island y los ojos llenos de vulnerabilidad al darse cuenta que logró escapar de la guerra, pero con los sentimientos mixtos de haber sido alienado de su familia y de su vida en el camino.

Desde un comienzo, Corbert deja al espectador atónito con la visualidad impactante que persigue esta película. Desde la Estatua de la libertad invertida, o solo llevándote en cámara rápida por un camino rural, la locación no es el tema, es la forma en que la presenta.

Después de un encuentro sexual no consumado, quien recive a Lázló en Nueva York es su primo Attila, un Alessandro Nivola que debiese ganarse más protagónicos por su siempre exquisita actuación. El amor que se tienen y la felicidad de verse frente a tanta adversidad pasada creo que nadie que haya estado en sus zapatos podría entenderla, pero la escena es tan conmovedora que logra hacer al espectador entrar en su historia rápidamente.

Attila, orgulloso le muestra su nueva vida en Nueva York, donde se cambió el nombre y hoy su apellido es Miller, se casó con una Shiksa, Audry (Emma Laird) quien escondidamente comienza a urdir un plan para sacar rápidamente a este común denominador de sus vidas.

Su primo (Nivola) invita a Lázló a participar de un nuevo proyecto. La biblioteca de un magnate, idea de su hijo (Joe Alwyn) quien quiere hacer una sorpresa para su padre mientras se encuentra fuera unos días.  Esta es la primera vez que vemos al protagonista conectar con la arquitectura nuevamente y conocer parte de su pasado como una eminencia en el tema en Europa, su visión no solo lo conecta con el futuro y el minimalismo, sino también con la luz en todos los momentos del día y cómo extiende o encoge el espacio lo que lo vuelve un genio en la materia. Permite a la audiencia soñar con sus ideas que para un amante del arte, en todas su expresiones, sabra vincularse de alguna manera.

En este proceso es cuando conoce a  Harrison Lee Van Buren un extraordinario Guy Pierce que a ratos asusta con su parecido a Brad Pitt y que enloquece al ver en lo que se había convertido su sala de lectura, sin entender porqué había gente en su casa.

Esto causó la separación de la relación de Lázló y su primo, poruqe la familia no quiso pagar el trabajo y que entre el ir y venir del mismo, tienen una escena adictiva junto a la pareja de este último donde bailan en una pequeña pieza que se va inundando de diferentes coreografías de cámara que juega entre diversos planos, luces y sombras absorventes visualmente y que la levanta como una de las películas más disruptivas en cinematografía en lo que va del año.

Lázló, desde ahí, comienza a vivir la realidad de Nueva York sin casa, su personaje, en una bajada de un camarote es como volver a ver al personaje que lo llevo al Oscar “El Pianista” y su transitar en la frustración de no poder ejercer lo que ama. En su camino de dificultad es acompañado por un trabajador negro (Isaach de Bankolé) a quien desde un comienzó ayudó y demostró el lado más amable del arquitecto.

Pero su creatividad se estaba mermando y un accidente que tuvo en la cara tiempo atrás se volvió la excusa perfecta para comenzar a consumir heroína, ahí, en sus días más oscuros vuelve el magnate que ahora, con una revista que homenajea su sala de lectura, quiere al arquitecto de vuelta para trabajar con él y comienza pagándole la deuda de lo que le debe y mostrándole sus antiguos trabajos que conmueven al arquitecto que pide quedarse con las fotografías.

Lo que viene después es un macabro juego de poder disfrazado de mecenazgo que sigue teniendo la misma calidad visual pero que luego del tiempo de intermisión, va perdiendo fuerza en lo narrativo.

Entrar a este nuevo mundo de elite le permitió a Lázló poder ayudar a su pareja y su sobrina a vivir con él, y aunque pensó que era lo único que le faltaba para su tranquilidad y nueva vida, distaba mucho de eso. El tránsito que le toca pasar desde la llegada es uno que no termina drama hasta los últimos días, y que no se los contaré hasta su estreno en latinoamérica para que no lean la película, que no tiene experiencia actual parecida, menos en 70mm.

“The Brutalist”: ¿la experiencia cinematográfica definitiva?
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