1970, Rio de Janeiro, Ipanema, vista al Pan de Azúcar, la familia Paiva disfruta de un día normal sin siquiera pensar en lo que pasaría en los días venideros.
A lo lejos se divisan algunos carros armados que pasaban por avenida Atlántico y que daban la sensación de inseguridad propia de una dictadura, pero como algo que se transformaba ya en parte del cotidiano. Como un escenario adverso de dudas y vulnerabilidad pero que permitía espacios de paréntesis que mutaban a ratos a tranquilidad.

Ruben Paiva (Selton Mello) fue un excongresista que vivía con su familia, Eunice Paiva (Fernanda Torres) y sus cinco hijos. Walter Salles, el director del film, fue capaz, en veinte minutos, de demostrar el amor y unidad de la familia, de hacer a la audiencia rendirse ante ese vínculo inquebrantable propia de una casa llena de ruido producto a la vida que en ella se da. Pero todo cambia abruptamente cuando hombres llegan al lugar escoltando al padre de la familia para “declarar”. Sin razón, ni explicación alguna, hacen que se suba a un auto del que jamás regresaría.
Esa pausa antes de partir, y la mirada entre él y Eunice, se quedará grabada en la memoria de quienes asisten el film, sostenida unos segundos pero que dice más de la historia de la pareja de lo que podría relatar un profuso diálogo entre los actores. Es desde ese momento que quien toma por completo la pantalla y la película es su protagonista Fernanda Torres, una fuerza de la naturaleza, estoica y protectora, que hace que sus microgestos de dolor nunca logren llegar a ojos de sus hijos, tres adolescentes y dos pequeños que vivieron la desaparición de su padre pero que su madre nunca le dio el gusto a nadie para que le borraran sus sonrisas.
La incertidumbre y el miedo se toman su vida, pero nunca queda inmóvil por esto, al contrario, es un combustible que es imperceptible para el ojo humano que no ha pasado por algo así, pero que en su contención es capaz de demostrar mucho más que un grito o llanto desatado en una actuación que es, igualmente desgarradora y brutal más en ese minimalismo que la recorre.
Cuando Eunice Paiva, comienza a darse cuenta de que su marido no volverá y después de haber tocado todas las puertas para encontrar una respuesta decide irse a Sao Paulo para estudiar abogacía y combatir las injusticias cometidas en la dictadura. Incansablemente busca el cuerpo o certificado de defunción de Ruben para que el estado se haga cargo de las torturas, muertes y desapariciones acontecidas bajo la dictadura de Emilio Garrastazu y sus predecesores. Eunice Paiva, logra, 25 años después su cometido y entre sonrisas y ojos llenos de emoción levanta el certificado de defunción del excongresista, después de su desaparición. Afirmando la ironía de alegrarse por recibir ese documento y lo que significa la muerte, pero también un cierre de ciclo que muchas familias no pudieron y aún, no pueden hacer.

La actuación Fernanda Torres
No solo fue la ganadora del Globo de Oro, sino también ha sido nominada a los premios de la Academia y si no estuviera en la contienda con Demi Moore por “The Substance” sería la ganadora indiscutida.
Cuando pensamos en drama, pensamos en movimiento, agresividad en la intensidad del diálogo, gritos o voz ampliada, pero lo brillante de la performance de la actriz es que su dolor lo lleva en todo lo contrario. No hay ningún momento del film, incluso en las peores situaciones, en que su voz deja de ser tenue, suavemente rítmica e incluso compasiva. Sus ojos son permeados a momentos con lágrimas que no alcanzan a caer y se sostienen en un equilibrio precario que solo descansa en su estoicismo. Casi como un monje tibetano que practica y se autodetermina constantemente a que todo lo que pasa puede ser tomado como una realidad que debe ser aceptada y seguir adelante, viviendo incluso con el dolor y relegando, en el caso de Eunice, la memoria emotiva corporal solo por quedarse en el plano terrenal y yendo paso a paso por el amor a sus hijos y a la memoria de su marido.
Una de las actuaciones más conmovedoras de la temporada de premios, que nos hace recordar a su madre, quien también participa en el film, y que años anteriores también fue nominada con el mismo director por “Estación Central” y qué en un vuelco aún no comprendido se llevó la estatuilla Gwyneth Paltrow por “Shakespeare in Love”.
Fernanda Torres, supo no solo entrar en el personaje de una voluntariosa mujer basado en una historia real, si no también entregarnos una versión de una madre que es capaz de hacerlo todo, armando su fragmentado corazón para que sus hijos no fueran más golpeados aún por la dictadura que les arrebató a su padre.
En Spanglish Cinema, estaremos en la sala de prensa de los Oscar el domingo para traerles todos los pormenores de los ganadores.
