«Eagles of the Republic» de Cannes a San Pablo

Águilas de la República, la nueva película de Tarik Saleh, es una historia sobre el control. No el control de un gobierno lejano, sino aquel que se infiltra en los gestos, en las palabras e incluso en el silencio. El Egipto retratado por Saleh vive bajo una vigilancia invisible: cada mirada, cada aplauso, cada escena filmada tiene dueño. En este ambiente, George Fahmy, una estrella del cine local, es convocado para protagonizar una película de propaganda. El trabajo, presentado como un honor nacional, es en realidad una sentencia disfrazada: se convierte en el rostro de un régimen que decide qué debe decirse y qué debe sentirse.

La película muestra una opresión donde hay burócratas que sonríen mientras dan órdenes, guiones aprobados por militares y artistas que se vigilan entre sí. Todo parece normal, y eso es exactamente lo que asusta. La dictadura se construye a partir del consentimiento y del miedo, un poder que no necesita mostrar fuerza porque ya está dentro de las personas. George, vanidoso e inseguro, cree estar en control, pero cada uno de sus movimientos es calculado por otros. Poco a poco, deja de actuar por elección y empieza a actuar por supervivencia.

Saleh filma este proceso con una calma casi cruel. La cámara observa al protagonista como lo haría el propio Estado: de cerca, sin prisa, sin dejar espacio para la fuga. Los pasillos, los estudios y las salas de reuniones parecen todos iguales, lugares donde la luz artificial es demasiado fuerte y la verdad, demasiado débil para resistir. El sonido es apagado, como si toda la ciudad hablara en secreto. La atmósfera es la de un país que ha olvidado cómo respirar.

En el centro de todo está la culpa. George sabe que está siendo usado, pero continúa. Sabe que cada escena que filma refuerza la mentira del régimen, pero aun así sonríe frente a las cámaras. Su conflicto no es solo político, sino moral. Intenta mantener la dignidad mientras participa en algo que destruye la propia idea de libertad. Fares Fares interpreta este dilema con una contención dolorosa: es un hombre que se derrumba en silencio, rodeado de aplausos falsos.Águilas de la República trata menos sobre un gobierno y más sobre el efecto del miedo en las personas. Trata sobre cómo la opresión se disfraza de normalidad, sobre cómo el artista, al ceder, termina cargando la voz del poder. Tarik Saleh no ofrece respuestas ni heroísmos, y deja la sensación de que el arte, cuando está controlado, deja de ser espejo y se convierte en instrumento. Es un retrato duro y preciso de un país que aprendió a callar y de un hombre que ve su propia imagen siendo tomada por el régimen.

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