“The Last Viking”: una pandilla conocida se toma la pantalla con una hilarante comedia negra

En el marco del Festival Internacional de Cine de Palm Springs se estrenó la película de Anders Thomas Jensen, protagonizada por Mads Mikkelsen y Nikolaj Lie Kaas, “El Último Vikingo” que tuvo al público riendo a carcajadas en los giros inesperados del guion que escribió el mismo director.

Si te gusta el cine de Thomas Vinterberg, reconocerás varias caras dentro del film. Una comedia negra que toma ribetes inesperados cuando un ladrón de banco es encontrado culpable y confía en su hermano para que guarde el botín. Obviamente esto no sale dentro de lo planeado por el trauma que este suceso generó en su hermano y que debe desbloquear para recuperarlos.

Nikolaj Lie Kaas es Anker, un ladrón de banco que es atrapado en su último atraco y que le pide, entre su captura y shock de lo que estaba pasando, a su hermano, Manfred (Mikkelsen), que guarde su botín. 20 años después, Anker sale tranquilo del lugar donde día a día soño con su retorno para recuperar lo perdido, así, se encuentra con su hermano Manfred quien tiene una reacción autoflagelante cada vez que le llaman de esa manera porque luego de la captura de su hermano, habría pedido universalmente ser llamado John, por John Lennon y creánme no aceta de muy buena manera el no ser llamado así.

Ante la negativa de Anker de seguir con lo que considera una locura, vemos al personaje de Mikkelsen tirarse por ventanas, autos, y darse contra todo lo que tenga por delante. De apoco comienzan a intentar- bajo los contextos más surrealistas y cómicos imaginados por el auditor- entenderse luego del trauma, de ese hiato obligado que duró veinte años y que solo dos días después del reencuentro concreta un viaje -literal-hacia los recuerdos de su niñez, a su casa de infancia y lo ahí pasado, que los forjó como adultos. Decisiones tomadas y lo que el uno recordaba mientras el otro no. Una confluencia de cicatrices que se abrían mediante sanaba esta relación para ser tratadas debidamente ante el encuentro de una nueva posibilidad en sus vidas.

Más allá, por supuesto, de toda la locura que pasa entre medio, y que su director sabe estresar a la perfección. Así, podemos entender que cada decisión esta perfectamente medida para llevar al espectador a una experiencia tanto reflexiva como dejarlos sin aliento ante una carcajada desprevenida.

Una película coral donde personajes se van sumando a la historia para entretener y como pequeños niños – como vuelven a ser los protagonistas en este viaje- dejan una que otra moraleja en el camino que impacta aun más en su contenido por ese disfraz ante una comedia ácida sin ningún tipo de necesidad de matizarlos.  

En un Q&A, posterior al visionado, el realizador comentó que la relación de hermanos es una de las más complejas de la sociedad y que eso fue uno de los puntos referenciales para la construcción de los protagonistas. Una sorpresa de visionado.

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