La noche en que las mujeres ganaron terreno en la trastienda del Oscar

La 98ª ceremonia de los premios de la Academia dejó algo más que el habitual desfile de discursos y agradecimientos interminables. Entre categorías que suelen pasar desapercibidas para el gran público, pero que en realidad son aquellas donde se construye el cine, se produjeron algunos movimientos interesantes.

No se trata de proclamar una revolución, pero sí de registrar ciertos desplazamientos en un territorio históricamente dominado por hombres: el de algunos oficios técnicos.

La fotografía: una deuda de casi un siglo

Cuando el nombre de Autumn Durald Arkapaw fue anunciado como ganadora del Oscar a Mejor Fotografía por Sinners, la Academia saldó una deuda que arrastraba desde la primera entrega de los premios.

La cinematógrafa se convirtió en la primera mujer en ganar la categoría. La estadística es tan contundente que casi no necesita comentario: durante décadas, la dirección de fotografía fue uno de los territorios más herméticos de la industria.

En un momento inesperado, la directora de fotografía pidió algo tan simple como humilde: que las mujeres presentes en la sala se pusieran de pie. El gesto produjo una pausa rara como profunda en la ceremonia. Al mirar alrededor, la propia fotógrafa pareció subrayar la idea que quería que notemos, que muchas de las imágenes celebradas esa noche habían sido posibles gracias a un trabajo colectivo que casi nunca se ve.

Más allá del dato histórico, su trabajo en la película apuesta por una fotografía que combina textura digital con una sensibilidad cercana al claroscuro clásico. No es casual que el premio llegue en un momento en que la figura del director de fotografía vuelve a adquirir protagonismo autoral dentro del cine industrial.

El casting sale de las sombras

Otra novedad de la noche fue la aparición de una categoría largamente reclamada por la industria: la de Mejor Casting.

La primera ganadora fue Cassandra Kulukundis por One Battle After Another, dirigida por Paul Thomas Anderson.

El premio tiene mucho de reparación tardía. Durante décadas, el trabajo de casting fue una de las piezas clave del cine. Este oficio sugiere la hazaña de encontrar los rostros y las presencias que sostienen una película. Ahora la Academia lo reconoce.

Así Kulukundis, colaboradora habitual de Anderson, se convierte en la primera representación de esa tradición del cine  donde el casting no es simplemente un trámite de producción sino una decisión estética.

Otros departamentos

Por suerte otras mujeres también triunfaron en otros rubros técnicos.

Tamara Deverell ganó el Oscar a Diseño de Producción por Frankenstein, una película cuyo universo visual depende en gran medida de su construcción escenográfica.

Y en animación, Maggie Kang y Michelle L. M. Wong se llevaron la estatuilla por K-Pop Demon Hunters. Esto confirma algo que la industria viene mostrando desde hace algunos años: la animación se ha convertido en uno de los espacios donde más rápidamente se diversifican las miradas.

 Cuando la técnica cambia de manos

 Hollywood tiene una larga tradición de celebrar avances simbólicos mientras mantiene intactas muchas de sus jerarquías.

Sin embargo, el hecho de que una mujer gane en fotografía, que el casting obtenga finalmente su reconocimiento institucional y que varios departamentos técnicos estén encabezados por profesionales mujeres sugiere al menos una modificación en el mapa.

Quizá no sea todavía una revolución. Pero sí una señal de que la trastienda del cines, aquel lugar donde realmente se fabrica una película empieza lentamente a abrir sus puertas.

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