“La Grazia” : un Paolo Sorrentino nunca antes visto

*Review realizada en la cobertura del Festival de Venecia 2025 y adaptada a su estreno en latinoamérica.

La primera película de la jornada en un caluroso Lido de Venecia a las 8:30 de la mañana, que alberga la Mostra de Cinema, tuvo sala llena y dió inicio a la competencia oficial del festival y ¡Cómo partió!

Luego de 24 años vuelve el director Paolo Sorrentino a la Biennale de Cinema de Venecia y la huella que ha dejado en los asistentes esta mañana demuestra porqué su film ha sido seleccionado para la competencia internacional de este certamen. Vimos en él a un Sorrentino totalmente alejado a su filmografía y vaya que impactó… para bien.

Si podía haber algo de sueño a esta hora de la mañana en esta apertura del festival se acaba de inmediato. La primera escena te absorbe, quieres mirar cada uno de sus detalles y descolocada intentas acompañar la música, más parecida a la de Sirat, que a lo que conocemos de la filmografía del autor. Provoca una contradicción entre lo que se ve y escuchas, lo que la hace más interesante aún. Innova, es disruptiva y a la vez formal, casi ritual.

Así, vemos por primera vez al presidente -un extraordinario Toni Servillo que probablemente entrará en competencia por la copa Volpi a mejor actor- fumando un cigarrillo en la azotea del palacio de gobierno junto a su guardia de seguridad quien lo acompaña a una distancia que le permite intimidad, pero al mismo tiempo compartir con el que se ha vuelto su confidente. 

La película tiene como protagonista al presidente de italia, interpretado magistralmente (y créanme cuando digo magistralmente) por Toni Servillo, quien es capaz de transitar con una naturalidad única por su personaje que lo lleva a expresar su más íntimo dolor en lo privado y en otras ocasiones, callar a alguien con tan solo una mirada ejerciendo su rol de liderazgo. 

El presidente, se mueve lento, absorbe sus cigarros como si fueran su último aliento y se encuentra en un momento de vida donde existe una tensión entre encontrarse nuevamente y por fin saber quién es o seguir su camino político luego de la muerte de su esposa y mantener el status quo. 

En ese tránsito lo acompaña su hija (Anna Ferzetti) quien trabaja codo a codo con él por excepciones en la condonación de sentencias de prisión y en su anhelada ley por la Eutanasia que a su padre le cuesta aceptar y firmar. No se conocen mucho ninguno de los dos, pero el tiempo es sabio y las oportunidades no siempre tempranas.

La Belleza de «La Grazia»

La fotografía es deslumbrante, similar, a ratos, a lo que hace Edward Lachman quien ha trabajado últimamente con el chileno Pablo Larraín y que a parecer de quien escribe, es definitivamente lo más lindo de sus últimos films. 

En este caso es Daria D’Antonio quien nos regala un mundo de belleza a través de una fotografía que emociona, mixturando planos abiertos y cerrados con la misma virtuosidad y una iluminación única que te ayuda a entender la emocionalidad de sus personajes, quienes se internan tanto en paisajes bucólicos como en el despacho presidencial.

Con una selección de roles secundarios que van desde la mejor amiga de infancia del presidente, quien posee el don de la ductilidad de palabra que la lleva a transitar por la vida sin filtro alguno y se niega a tratarlo como el cargo que ejerce, hasta un hombre encarcelado por matar a su mujer con Alzheimer que lo hace encontrarse de frente con otras perspectivas que llegan a su vida.

El protagonista, en este viaje interior, se va re-visionando introspectivamente más allá de su profesión o instancia que lo convoca, como un ser humano que camina en el último pedazo de su legado, que perdió quien había sido la mujer más importante de su vida y que está aprendiendo aún, incluso de a quien siempre tuvo que enseñarle a vivir, su hija.

Paolo Sorrentino logra hipnotizar al espectador en un vaivén que hizo a la sala reír en más de una ocasión y en mi caso, emocionarse hasta las lágrimas. Hay escenas que muestran una brutalidad de cine en ellas, en cámara lenta, entre colores vivaces, con lluvia tormentosa, con miradas estoicas y con unas actuaciones que a podrían perfilar perfectamente (aún no habiendo visto las otras veinte películas en competencia), a Servillo a perseguir la copa Volpi por Mejor Actor. 

Definitivamente una película para admirar en su estética y totalmente magnética en sus actuaciones. Ahora la puedes ver en Mubi

“La Grazia”: un Paolo Sorrentino inédito
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