El capitán de la Fuerza Aérea de Chile, Jorge Silva, era el mejor paracaidista de su generación. Destinado a la Escuela de Especialidades de la FACH, se esmeraba por formar adecuadamente a los cadetes, con gran responsabilidad por el cargo en el que le tocaba servir a la institución que amaba. Se apegaba con respeto a la institucionalidad, a la jerarquía militar y era profundamente constitucionalista. Desde esa convicción democrática y como oficial de inteligencia, había denunciado un plan de asesinato contra el Presidente Allende en 1970.
El capitán Silva fue víctima de las circunstancias históricas que quebraron a Chile cuando se produjo el golpe de Estado de 1973, cuestión que aborda con maestría visual en blanco y negro la ficción chilena basada en hechos reales Hangar rojo, del director Juan Pablo Sallato, que se estrenó en el Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (BAFICI), justo en los días en que ganó cinco premios en el Festival de Cine de Guadalajara (FICG), que tuvo a Chile como país invitado.
Hangar rojo arrasó en el FICG, llevándose los galardones a Mejor Película Iberoamericana, Mejor Dirección para Juan Pablo Sallato, Mejor Interpretación para un tremendo Nicolás Zárate, Mejor Guión para Luis Emilio Guzmán y Mejor Logro Técnico, dando cuenta de que el cine chileno sobre memoria y derechos humanos aún tiene mucho que decir y así es valorado internacionalmente, en tiempos de avance de la ultraderecha, el neoconservadurismo y negacionismo.

Basado en la novela autobiográfica del periodista chileno Fernando Villagrán «Disparen a la bandada» (2022) -en la que relata cómo el capitán Silva lo salvó de la muerte a él y al sociólogo Felipe Agüero (hermano del cineasta Ignacio Agüero) cuando eran jóvenes militantes del Mapu obrero y dirigentes políticos de La Legua-, Hangar rojo aborda el dilema moral que enfrenta el oficial: obedecer las órdenes de sus superiores jerárquicos o enfrentar el horror y la barbarie ubicándose en el lado correcto de la historia, incluso exponiéndose a la prisión y la tortura de sus propios compañeros de armas.
La interpretación del actor Nicolás Zárate es profunda y reflexiva, transmitiendo el drama ético que vive el capitán Silva los días 10 y 11 de septiembre (en que se concentra la película en sus breves 81 minutos), cuando llega a la escuela el coronel Jahn (Marcial Tagle), con el que mantiene viejas rencillas, que tiene un «encargo» de la Academia de Guerra, le exige no hacer preguntas y habilitar un hangar para recibir a los detenidos tras el golpe.
El cabo Hernández, que viene de regiones (donde le hicieron una despedida al irse a Santiago), admira a Silva y lo acompaña como chofer de un vehículo institucional en el que el capitán tomará una difícil decisión, representa los «ojos vírgenes» de jóvenes suboficiales orgullosos de pertenecer a la Fuerza Aérea de Chile. Desde su genuino interés y curiosidad, le pregunta al capitán Silva qué se siente saltar de un paracaídas, a lo que el oficial le responde que se experimenta la Libertad (la misma que terminará perdiendo por hacer lo correcto).
La dirección de Salatto opta por no estetizar la violencia ni exhibir la tortura, sino concentrarse en el fuera de campo de la grave crisis política que vivió el país, en que el espectador completa la obra desde su perspectiva y el conocimiento sobre procesos históricos que siguen marcando a generaciones. El diseño sonoro juega un papel importante en la conformación de una atmósfera agobiante y de terror, en que escuchamos gritos e imaginamos el dolor de las víctimas, en centros de tortura como el propio hangar y el Estadio Nacional.

Sallato resuelve la economía de recursos de su película con un encuadre cerrado que se concentra en las expresiones del capitán Silva, en que un blanco y negro expresionista (que representa las contradicciones y contrastes de los personajes) destaca su rostro anguloso y doliente que transmite su profundo sufrimiento interior. Impedido por la FACH de filmar en Chile, Sallato grabó en un hangar de Mendoza, donde se aprecia de fondo la cordillera de Los Andes como marco y testigo de la barbarie.
El periodista Fernando Villagrán investigó en su libro qué pasó con los uniformados que se negaron a apoyar la dictadura. En el caso de Silva, estuvo cuatro años preso acusado de traición; compartió celda con el padre de la ex Presidenta Bachelet, Alberto Bachelet (que murió en la cárcel); se fue al exilio a Londres con su mujer, que era académica y tenía conciencia social; y decidió nunca más volver a Chile hasta que murió en 2024, un par de meses antes de que comenzara el rodaje de la película.
Tras haberse estrenado mundialmente en la sección Perspectives de la Berlinale y recorrido festivales internacionales como el de Málaga (donde la película ganó el premio del jurado de la crítica, del público, mejor montaje y mejor interpretación masculina para Zárate), el Festival de Cine de Guadalajara (convirtiéndose en la película más premiada de esta edición) y BAFICI, Hangar rojo llegará a salas chilenas en octubre, en que su director espera que también sea vista por uniformados para abrir un debate sobre su rol y dilemas éticos durante el golpe de Estado.-
