El ambicioso y monumental ejercicio de arqueología de imágenes de los últimos cincuenta años de la historia de Chile, recogidas desde los márgenes y los archivos amateur por la directora Karin Cuyul, vienen a completar una mirada historiográfica que faltaba en el cine documental chileno en el estreno Miradoc La vida que vendrá (2025).
En su segundo largometraje documental después de Historia de mi nombre de 2019, la directora chilena radicada en México alcanza un punto de especial madurez y lucidez en su carrera, en que propone imaginarios sobre la transición democrática de Chile en los noventa, que duró mucho más de lo que nadie imaginó.
Las lecturas de la historia chilena reciente que han realizado los documentales chilenos se han concentrado mayoritariamente en el quiebre democrático de 1973; en el exilio de miles de chilenos/as en el exterior; y, más recientemente, en el estallido social de 2019, en que la ciudadanía se movilizó masivamente contra el modelo y los abusos (proceso que la derecha desvirtuó como un fenómeno violento).

La vida que vendrá es el primer ensayo documental que se centra concretamente en la transición democrática, analizando un período histórico considerable (no necesariamente analizado en forma lineal) desde la Unidad Popular en los setenta, hasta la movilización popular de hace seis años. Y lo hace desde un punto de vista generacional (Cuyul tiene 38 años, nació en 1988 y revisó imágenes de 30 años antes), convirtiéndose en una «película bisagra» entre la generación que vivió los hechos y la nueva, que tiene la oportunidad de conocerlos y valorar la recuperación democrática.
La voz narrativa de Cuyul crece, se profundiza y complejiza en La vida que vendrá cuestionando la memoria que le habían transmitido, que estaba llena de derrotas por el Chile que no pudo ser. Desde el revés político por el rechazo al primer proceso constituyente y el duelo por esa pérdida, Cuyul se preguntó cómo salir de ese estado y -contra todo pronóstico- logra construir un relato extrañamente esperanzador.
A pesar de la pesadumbre con Chile que la alcanzó -tal como había ocurrido con sus padres, que fueron revolucionarios-y de los movimientos pendulares de la política reciente que va de un lado a otro, Karin Cuyul reconoce que hubo momentos de esperanza que sí ocurrieron, como pistas para recuperar fuerzas y construir un futuro colectivo.
Tres son las decisiones que toma Cuyul respecto de su película: que será a color, que usará archivos de los bordes y amateur, y que no será una película triste. Cuyul se pregunta por qué le negaron el color a las imágenes de la Unidad Popular (opacándolas, oscureciéndolas, negándolas), como una acción deliberada de construcción de la memoria de esa época, y decide que usará sólo los archivos a color que encontró (no colorizó nada).
Rescata, asimismo, imágenes desde los bordes y registros amateurs, con voces poderosas y empoderadas de pobladoras y activistas que participaron en el plebiscito de 1988, en que se consultó a la población si quería mantener el gobierno de facto o transitar a la democracia después de 17 años de dictadura.
Preguntándose cómo habrán vivido los exiliados el triunfo del No en el plebiscito de 1988 y la transición democrática, Karin Cuyul llega a los archivos de Luis Costa en la cuenta Upla tv de youtube, descubriendo imágenes no oficiales del sentir popular, como la de la lúcida pobladora que -de manera visionaria- asegura que hay un «No ganador, pero un sí mandador», aduciendo a lo que más tarde se nombraría como «poderes fácticos». Cabe destacar que Luis Costa fue preso político y es el valiente protagonista del documental Punto de encuentro, co-dirigido por su hija Paulina.
Tanto Historia de mi nombre como La vida que vendrá, Cuyul las enfrentó pensando en que Chile era un país con una justicia inconclusa y que se dejaba derrotar. Pero en su ordenado proceso de selección de archivos de medio siglo -que le tomó un par de años catalogar, privilegiando las imágenes a color y descartando las en blanco y negro-, en el proceso de montaje y en la construcción de una valiosa voz en off, la lúcida directora encontró la resistencia de un país a lo largo de su historia y que pinta sus derrotas de color esperanza.
