“Alpha”, el tercer proyecto de Julia Ducournau, entra a formar parte de una lista cada vez más larga de películas postpandémicas, pese a tratar más directamente la cuestión del sida. Ducournau, que obtuvo la Palma de Oro en 2021 por “Titane”, acomete una nueva película con su habitual sentido de la crudeza. “Titane” plantó a esta cineasta en construcción en el tablero internacional. En lo que respecta a la película, ofrecía una lectura sobre la violencia corporal y la mutación sin el trasfondo filosófico cronenbergiano, pero con una intuición poderosa para sugerir los malestares de los personajes. “Titane”, que sucedía a la más que interesante “Crudo”, nos sumergía en la realidad psicológica de una mujer joven que se escapa de casa y adquiere una nueva identidad. Al poco de marchar, entabla una relación de características paternofiliales con un hombre obsesionado con su musculatura, jefe de una unidad de bomberos. “Titane” es más bien la puerta de acceso a algo que no termina de ser todavía, una prometedora casilla de salida y que en “Alpha” explota en todas direcciones. Lamentablemente, el resultado no es el esperado.

“Alpha” sigue insistiendo en ofrecer un nuevo punto de vista posthumanista sobre la condición humana, pero se queda a medias. El resultado, barroco y frenético, carece de tronco central y se diversifica torpemente por dos líneas narrativas principales. Por un lado, seguimos a una adolescente que mantiene una relación muy complicada con su madre y con su tío, adicto a las drogas, y por el otro, se está escampando un virus mortal que convierte a las personas en mármol. La relación entre ambas tramas queda sólo en apunte.
A medida que se suceden las escenas se va haciendo más palpable un vacío de sentido que termina por impregnar la totalidad del filme, que se resuelve de forma apresurada. No queda claro, entonces, cuál es el propósito que sustenta “Alpha”, que comienza con un plano verdaderamente sugerente cuando equipara la piel humana con la superficie de la tierra. Tras una analogía visual digna de lo mejor de los hermanos Safdie, a la directora francesa le posee un frenesí gestual y visual que termina siendo la única baza del discurso, más allá de unas interpretaciones entregadas. Si algo abruma de este tercer filme es su impudor a la hora de desarrollar ciertas escenas que lidian con el trauma o con lo siniestro freudiano, ya que pretenden aportar en vano más matices. Sin embargo, el castillo de naipes se cae rápido, y a lo que Ducournau sólo puede aspirar es a replicar los bailes liberadores de “Titane”, que sustentaban la relación entre la protagonista y su nuevo progenitor.
De algún modo, “Alpha” estira del hilo del Nuevo Extremismo Francés hasta la extenuación, y que ya de por sí era un movimiento manierista que exageraba las formas y buscaba epatar como premisa fundamental. Resulta interesante que “Alpha”, más que cine de autor, sea una especie de bricolaje de ideas a medio tejer, una especie de cine de antigénero.
Ducournau aprieta las tuercas y orienta la trama a conveniencia, se deja llevar por el efectismo e incorpora guiños pobres a otras películas, como a “Señales del Futuro”, de Alex Proyas, o “El Club de la Lucha”, de David Fincher.
¿Es esta una obra con la que Julia Ducournau pone de manifiesto una crisis de ideas y ha necesitado realizarla para mirar con más valentía hacia el futuro? Estaremos a la espera.
“Alpha”: ciclogénesis del dolor ¿Qué opinas? Déjanos tus comentarios
