Como “Challengers” es al deseo, “After the Hunt” es al poder

Luca Guadagnino, a esta altura de su filmografía representa un mundo cinematográfico en sí mismo, con una lucidez visual que pocos tienen y en este caso, que hace que el guión de Nora Garrett se vuelva interesantísimo desde la palabra al desarrollo en la pantalla grande con la virtuosidad del realizador. 

After the Hunt

En una de las universidades más prestigiosas de Estados Unidos, Yale, una exitosa profesora de un doctorado, Alma (Julia Roberts), abre su casa para una fiesta con parte de los integrantes de su departamento de la universidad, en la que participa su pareja Frederik (Michael Stuhlbarg), su profesor ayudante Hank (Andrew Garfield) y la alumna que la ve como su mentora Maggie (Ayo Edebiri). Desde un comienzo podemos ver como los protagonistas van focalizando su conversación en la teoría filosófica que forman marcos conceptuales que le permiten moverse más desde lo intelectual que desde lo emocional. 

En ese contexto, Arendt, Focault, Bordieu y muchos otros son nombrados como agentes de conversaciones que más que profundizar en sus valores como seres humanos va creando una competencia infinita de juegos de poder, donde van transitando por una delgada línea que promueve los egos cognitivos y ese flirteo intelectual que los va atrapando magnéticamente los unos a los otros. 

Al ver esta dinámica como espectador puedes ver la confianza y naturalidad que tienen los personajes que se mueven coreográficamente con una química que los desborda. La admiración que tiene, Hank y Maggie por Alma es evidente y ella lo recibe con la misma intensidad que sus colegas lo demuestran.

Luego de unas copas y conversaciones que se perdían en la academia, la noche llega a su fin y Maggie (Edebiri), junto a Hank (Garfield), parten del lugar, lo que Alma ve por el pequeño visor de la puerta cuando la cierra.

Al día siguiente la profesora y el profesor adjunto, con la tensión sexual que los caracterizó en las primeras escenas, se juntan en un bar y se preguntan por Maggie, que no había contestado el teléfono durante todo el día luego de la fiesta. Es aquí, donde comienza a desencadenarse un conjunto de narrativas que ponen a personajes que, más allá del amor que se pudiesen tener, comienzan a luchar por su posición dentro de la historia. 

Alma al volver a su casa de la universidad se encuentra con Maggie, quien en cuclillas y estilando se encuentra en el Lobby. La primera pregunta que logra murmurar es si está Frederik en la casa y al obtener una respuesta afirmativa, le pide a su mentora conversar en otro lugar. En las escaleras del edificio y emitiendo una pausa antes de cada palabra, le es difícil completar una frase, lo que empieza a descolocar a Alma quien le insiste en que hable por la confianza que se tienen. Así, Maggie comienza a narrar con pinceladas dosificadas de información propias de un trauma, que luego de la fiesta, Hank la había acompañado a su casa, subió a seguir por unas copas, ya que su pareja Alex, su fiel compañera, no estaba en el lugar. Lo que parecía algo normal para ella, teniendo la confianza en su amigo, empieza a tomar otra forma de relación y la estudiante deja entrever el abuso que él había cometido con ella. Ante esto, Alma comienza a realizarle preguntas que ponen en duda la perspectiva de lo ocurrido y Maggie termina yéndose del lugar.

Alma nunca le comenta esto a Frederik, muy por el contrario, intenta evitar el tema, hasta que llega un punto en que no se puede omitir.

Los juegos de Poder

Maggie, apoyada por su pareja, decide hacer público lo que ocurrió contando su historia en el diario de la universidad, donde todo comienza a tomar ribetes de descontrol. Kim (Chloe Sevigny), sicóloga del departamento de la universidad y amiga personal de Alma, se da cuenta de la situación cuando Hank llega a increpar a Maggie y Alma a la universidad por quitarle su carrera y en ese contexto también intenta apoyar a su amiga, hasta que el personaje interpretado por Julia Roberts rompe un límite y esta se ve obligada a contárselo a la universidad, quedando, al igual que Henrik, suspendida de los labores dentro del recinto, indefinidamente.

Desde acá, todo se intensifica, vamos conociendo detalles pasados de los protagonistas, las dudas toman el relato de la víctima en una contraposición de opiniones formadas desde cada uno de los marcos valóricos de quien lo cuenta, donde el balance en la lucha de poder va a ratos dándole más cabida a unos que a otros y que revela que todo puede cambiar rápidamente, incluso cuando te encuentras en una situación de jerarquía y dónde las heridas del pasado no pueden más que ser parte de las que hacen actuar a los protagonistas en el presente, como el auditor entiende con un secreto que esconde Alma.

Luca Guadagnino una vez más provoca al espectador relevando casos que aún existen y que a pesar de todo lo avanzado con el movimiento Me Too, siguen obligando a tener conversaciones profundas sobre ellas. En cuento a lo que significa para una mujer hacer una denuncia, el miedo a la incredulidad, el rechazo, a su futuro, como también, a retratar lo más intrínseco del ser humano cuando están guiados por sus propias ambiciones de poder y comienzan a dudar en si el apoyo también les afectará a ellos.

Con escenas icónicas como en todos sus films, en este caso, para quien escribe, una caótica escena interrumpida por una fuerte música clásica en una cena entre Maggie, Frederik y Alma, o con la irrupción del acusado en medio de la sala de clase, con una actuación deslumbrante de Garfield que sale totalmente de su zona de confort con este rol, el realizador, confirmó otra vez, que es un mundo cinematográfico en sí mismo. 

“Challengers” es al deseo lo que “After the Hunt” es al poder ¿Qué opinas? Déjanos tus comentarios

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