Entrevista con Lorena Alvarado por «Lost Chapters»: la poesía de la memoria material e inmaterial

Luego de su exitoso paso por el FIDMarseille, “Lost Chapters” llega al IFC de Nueva York y luego a todo Estados Unidos.

Ena Alvarado en Los Capítulos Perdidos de Lorena Alvarado

La directora Lorena Alvarado estrenó ayer en Norteamérica el filme “Los Capítulos Perdidos”, una belleza de ficción con tintes de documental, donde no solo su familia es la protagonista, sino, también, su natal Venezuela, específicamente, Caracas.

Hay una palabra que los brasileños abrazan y utilizan para demostrar una mixtura de sentimientos de nostalgia: “Saudade” y cuando se vive en el extranjero esa palabra toma mayor relevancia ante los recuerdos de “la tierra donde naciste”, como diría Stefan.  

Los Capítulos Perdidos

Un personaje híbrido entre su hermana y ella. La transformación de un documental en una ficción de un magnetismo absoluto sobre lo importante de la vida y el ritmo pausado de los días perfectos- sí, como los de Wim Wenders-. Un film que revisa historias a partir de un libro, una postal, un extracto de un poema y va construyendo – y al mismo tiempo hilando- memorias mediante cartas, fotografías y libros.

En el contexto de su estreno, pudimos hablar con su realizadora en una entrevista virtual para Spanglish Cinema.

La Entrevista

La realizadora se fue de Caracas cuando tenía 19 años. Su ciudad estaba marcada por la inestabilidad política y económica. La inseguridad y la sensación de que su país era «un desastre» hizo que siempre se quedara con una sensación de no haber vivido cosas importantes y cuando le pregunté por este nuevo proyecto afirma que siempre lo sintió como la familiaridad de estar jugando en casa.

La nostalgia: Motor del proyecto

Mi primera inquietud no solo iba hacia la revelación de la creación del proyecto, sino a una potente curiosidad por el sentimiento que la motivaba a realizarlo y ante eso la realizadora nos contó lo siguiente:

“Me quedé siempre con esta sensación de no haber vivido muchas cosas, a pesar de que igualmente tuve una infancia muy bonita y llena de muchas bendiciones. Creo que el proyecto surge un poco de esta nostalgia de querer rescatar, por un lado, los recuerdos bonitos que tengo en la infancia, y, por otro lado, querer como yo crear mi propia relación con Caracas y con ser venezolana, que no estuviera mediada por la política y por lo que me decían otras personas del país.” dice Alvarado y continúa: «Imaginarme una Caracas posible, una Caracas de mis fantasías”, termina.

El arte en las venas

Entrar a la película es conocer la intimidad de la familia de Lorena – aunque sea un ficción- la materialidad de su historia se ve en estantes llenos de libros, en rincones colmados de lectura en voz alta y la búsqueda incesante de nuevos autores y narrativas.

“Mi papá es librero, mis padres se divorciaron cuando yo tenía 13, y mi papá abrió una librería, creo que a raíz de la ruptura. Entonces mi adolescencia, cuando pasábamos días con él, era siempre en la librería. Pasábamos el día entero ahí”, comenta la directora.

Eso coincidió con una de las diásporas de migración de personas de su país, donde hubo muchas casas y lugares que quedaron con libros abandonados y donde ella acompañaba a su padre a buscarlos, rutina que marcó su adolescencia.

“Mis hermanas y yo siempre éramos como sus acompañantes en sus aventuras por Caracas buscando libros. Entonces, sí, desde que era pequeña tengo mucho amor por los libros, pero desde mi adolescencia también tengo amor por las librerías y los libreros. Y esta labor que requiere tanto amor es como, sí, un trabajo que siento que es una vocación”, continúa Alvarado.

En ese contexto la película funciona con el doble objetivo de hacerle honra a la profesión, pero también a su padre. Un homenaje a su trabajo y los espacios literarios que conserva él y Caracas. La directora, bajo esa lógica, cree fervientemente que se deben enaltecer estos espacios y entender que en el mundo que vivimos es un “milagro que se siga leyendo libros”.

Ena e Ignacio Alvarado y Adela Rodriguez en Los Capítulos Perdidos de Lorena Alvarado

La Cámara, el tinte documental y la creatividad ante la falta de recursos

Cuando le pregunté a la realizadora venezolana por la quietud de la cámara en muchas de las tomas – que son parte del recurso cinematográfico que vuelve tan íntimo el relato-, afirma que tuvo que ver muchas veces con la falta de presupuesto, pero también eso hizo que pudiera mantener toda su autonomía e independencia creativa.

“Era importante para mí, tener una cámara pequeña, que se sintiera como inofensiva, parte del espacio y no una cosa gigante que fuera intimidante, y luces, y mucho equipo. Creo que eso habría sido muy negativo para el proyecto y creo que nos habría quitado un poco esta sensación de intimidad, de estar entre nosotros, entre la familia. Entonces creo que empezó por una ausencia de recursos y creo que terminó siendo la decisión correcta conceptualmente para el proyecto”.

Por eso fue ella quien lo escribió, luego fiilmó unas escenas con su hermana y luego con la ayuda de su productor y amigo, José Ostos, le dieron más forma y terminaron armando un pequeño equipo que les permitió no perder esa sensación de intimidad.

Todo queda en Familia

Los Alvarado, son el corazón de este film. Su hermana es la protagonista, Ena Alvarado, quien retorna luego de vivir fuera de su país y comienza a rescatar recuerdos, mientras acompaña a su padre en la usqueda de libros y lee en voz alta a su abuela para que la ayude con su memoria. Su abuela-Adela Rodríguez– y su padre, Ignacio Alvarado, también son protagonistas.

La guionista nos cuenta que su hermana y ella, desde pequeñas, hacían obras de teatro. Donde ella cumplía siempre el rol de la directora y su hermana el de la actriz. Por lo este paso lo toma como una transición natural que se dio en la adultez pero que venían haciendo desde siempre.

“Fue bonito también integrar a mi abuela y a mi papá. Fue muy lindo. Mi abuela: su casa siempre había estado habitada por muchas personas y yo creo que ahorita en su vejez, ella se siente bastante sola y está hambrienta por tener experiencias divertidas y por compartir. Entonces yo creo que ella, simplemente estando con nosotras, se sentía que esa era su motivación para ser parte del proyecto, querer compartir con nosotras”, reflexiona la cineasta.  

La realizadora creo una ficción con su familia, que se basa en ellos, lo que causa un gracioso cruce y una constante curiosidad por parte del auditor en cuanto a saber si realmente son ellos a quienes vemos en pantalla o son un personaje más guiado por el guion que ella misma realizó.

“Por ejemplo, mi hermana, la primera vez que vio la película, dijo como, wow, no sé cómo hiciste para que papi pareciera ser tan chévere y escuchara tanto y fuera como tan calmado. Entonces creo que se acentuaron estas cosas de su personalidad que quizás ella no las siente en la vida real, pero las pudo ver a través de la película”, dice Alvarado afirmando que se mueve entre la realidad y la ficción.

La memoria material e inmaterial: un poema, una casa y los recuerdos

Sobre el poema conductor: “Ese es un poema que mi abuela siempre recitaba. Y sí, toda la vida me recuerdo ella diciendo esa frase, todo está igual como la tarde aquella. Y la película nos permitió buscar el poema, porque yo, cuando lo escogí, en realidad yo no lo conocía todo, solo conocía esa frasecita. Fue bonito como fue un punto de partida para escarbar más dentro de cosas que para mí son icónicas de mi abuela o de la casa, pero que como que siempre las conocía un poco superficialmente. Pero la casa en sí para mí es un personaje también de la película.”.

La abuela de Lorena tuvo ocho hijos, siete de ellos vivieron en la casa de su abuela en la adultez, también los hijos de ellos. Es una casa, según la describe, con mucho tránsito, mucha gente, muchas memorias haciéndose y por sobre todo muchos recuerdos. Por eso, para la directora la casa cobra una vital importancia. Se convierte en una cajita de recuerdos:

“Para mí la experiencia de estar en esa casa es como ver fragmentos de distintas personas de mi familia. Es triste y bonito a la vez como los objetos han perdurado más que las personas en esos espacios y como los objetos dicen mucho de las personas que no están”, comenta Alvarado.

Adela Rodríguez en Los Capítulos Perdidos de Lorena alvarado

El cine como experiencia terapéutica

Lorena Alvarado comenta que esta película también removió parte de su propia experiencia- y se nota, por la pasión que se ve en la imágenes-:

“Yo creo que yo tenía muchas, no traumas, pero como cosas sin resolver. Y para mí la película fue como hacer las paces con Caracas, hacer las paces con las lagunas que tengo, de las cosas que siento que me faltaron o que perdí. Y creo que también fue una terapia de familia, de volver a estar juntos de una manera muy íntima, muy ligera. Fue como muy bonito vivir esa sensación de ligereza dentro de tanta tragedia y tanto caos político. Fue muy especial como crear una realidad que era nuestra y que iba más allá de la realidad socioeconómica y la crisis política”.

Al Término de nuestra conversación la directora afirmó que quería que el film se sintiera como un poema y, sin duda, claramente lo logra.

La película deja al espectador en un mood reflexivo, texturado como en tono sepia, de ritmo pausado, con una sensación de viento cálido y nostalgia de historias de vida. Así, un conmovido auditor, invitado a presenciar una parte de una ficción con aires documentales, finaliza empatizando no solo con la familia Alvarado, sino también, con una ciudad como personaje extendido y la nostalgia como búsqueda de raíces anquilosadas.  

Ya en cines de Nueva York. Puedes ver el trailer acá:

¿Te gustó este artículo?

Compartir en Facebook
Compartir en Twitter
Compartir en LinkedIn
Compartir en Gmail