La sexta jornada del Festival de Cine de Venecia, presenta dos películas en competencia, con miradas distantes de lo que es el poder, a través de la movilización y el combate. Un lunes que celebra la diversidad de miradas y una propuesta fuera de competencia, que dará que hablar en cuanto a las consecuencias éticas de las decisiones.
The Testament of Ann Lee, de Mona Fastvold, autodefinida como el “recuento especulativo” de la vida de la fundadora de los Shakers, un movimiento religioso radical nacido a fines del siglo XVIII, una utopía donde todos, sin importar raza o género, eran iguales. Obra guionizada por la directora noruega, en conjunto con Brady Corbet, con quien este año cambia de roles, luego de presentar The Brutalist, el año recién pasado, también en Venecia.
Un film, que en palabras de su directora, se ofrece como homenaje al sueño de Ann Lee y al silencio que ahora lo rodea. Protagonizado por Amanda Seyfried.
The Smashing Machine, de Benny Safdie, película en competencia por el León de Oro, es la historia del luchador Mark Kerr, leyenda de las artes marciales mixtas y del Ultimate Fighting Championship. Protagonizada por Dwayne Johnson y Emily Blunt, es una búsqueda que quiere plasmar a esa máquina de matar que era Kerr y la fuerza, que manifestó también fuera del ring.
Fuera de competencia y para quienes están acreditados (mañana para el público en general) se estrena Dead Man’s Wire, de Gus Van Sant, un director siempre interesante de atender y que regresa con un film basado en una noticia real, cuidadosamente reconstruida, centrada en las acciones de Tony Kiritsis en 1977, cuando toma como rehén al presidente de una compañía de asesoramiento hipotecario, el cual siente que lo ha traicionado. Un hecho ocurrido hace ya más de 40 años, pero que se siente muy actual respecto a los acontecimientos mundiales recientes. Sin duda, una película que provocará conversaciones éticas en la audiencia. Intérpretes: Bill Skarsgård, Dacre Montgomery, Colman Domingo, Al Pacino, Cary Elwes Myha’la.
El festival comienza la semana proponiendo temas de luces y sombras, narrativas de personas fuertes, en el terreno de la resistencia, la igualdad y la vulnerabilidad que también las rodeó. Venecia plantea conversaciones incómodas, de lo que somos o tememos ser. Y en ese cruce entre lo íntimo y lo político, el cine vuelve a ser territorio de resonancia.
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