Marie Kreutzer tuvo a todo el teatro Lumiere al borde del asiento con el estreno de la película seleccionada para la competencia oficial “Gentle Monster” la que dirigió y escribió.
Con una actuación brillante – y probablemente que la lleva a ser candidata al premio de mejor actriz en el certamen- Léa Seydoux (Lucy Weiss) es en una pianista que se muda al campo con su pareja, Philip (Laurence Rupp) y su pequeño hijo para buscar una mejor vida. Lo que aún no sabe es que es en ese ritmo tranquilo y en ese lugar aislado que había elegido para su tranquilidad es donde toda su vida se romperá en pedazos y no tendrá vuelta atrás.
Lo primero que vemos como audiencia es una familia feliz. La obertura del film se da a través de Lucy sentada frente al piano tocando una moderna versión de “Boys don´t cry” de The Cure, lo que por supuesto solo será una pequeña señal de lo que se viene después y es que todo lo que hace la directora son entregar detalles sutiles que van sumando información difuminada como mosaico que al reconstruirse hace que todo se resquebraje otra vez.
Kreutzer tiene el don del thriller, del manejo de los tiempos de manera quirúrgica y la música la utiliza como un vai-ven emocional de los personajes. Los contrae y los expande en intensidad según va pasando el film.
Así, pasamos de ver a un padre cariñoso que le cepillaba los dientes a su hijo al son de “Yellow” de Coldplay, a unos fuertes golpes en la puerta de entrada de su casa. Es la policía y ante ellos la cara de un hombre que sabe perfectamente porqué estaban ahí. Mientras esto ocurre en la planta baja de la casa, Lucy recién se despierta y su hijo aún duerme. Cuando baja a ver qué está pasando, la actuación de Seydoux se va convirtiendo en una obra maestra, pequeñas inflexiones en su rostro intentan entender qué está pasando, haciéndole preguntas a Philip para encontrar alguna explicación, a lo que la policía responde que su esposo los tendrá que acompañarlos a la comisaría.
Sin saber de qué se trataba Lucy los sigue en silencio, después de que las únicas palabras que logró emitir fueron “¿hackeaste un banco?”. Pero esta duda se deshace cuando en el puesto de información le dice que la esperan en el piso dos y cuando llega al ascensor se paraliza al ver qué decía en ese número: Departamento de abuso de menores. Durante unos minutos, inmóbil y casi transparente, no logra ni siquiera apretar el botón, puedes ver en su fisicalidad que no es capaz de procesar lo que esas palabras decían, sus ojos se llenan de lágrimas y logra con un impulso inhumano subir. En confusas conversaciones la policía (Jella Haase) – quien se volverá su confidente en adelante- le explica brevemente en circunstancias generales que Philip está siendo investigado por distribuir y quizás hacer contenido pornografía de menores. Cosa a la que Lucy se niega rotundamente no pudiendo hacer un match entre el hombre que conoce como un padre cariñoso y la persona a la que se le está acusando.

Photocall del Festival de Cannes «Gentle Monster»
Sin tener pruebas concretas lo dejan libre mientras la investigación sigue su camino, pero nuca será lo mismo. Mientras Lucy está en completa negación por lo sucedido también hay algo en ella que la hace dudar y desde ese punto no tiene retorno, por esto pide la ayuda de su madre, una hilarante y asertiva Catherine Deneuve (Eloise), quien sin que su hija le cuente qué está sucediendo, sabe que algo está pasando.
Lo interesante del film es esta dicotomía tan humana de ver como una madre destruida intenta comprender lo que está ocurriendo y al mismo tiempo cuestionarse el cómo proteger a su hijo que se desvive por estar con su padre. Todo esto a pesar de estar completamente paralizada en un principio, lo que se hace presente como una realidad desgarradora. Poco a poco y luego de que el mejor amigo de la pareja y abogado de Philip le dice que estaba buscando material para un documental, la duda nuevamente entra en ella, en un ir y venir de preguntas y descontrol, nunca sabiendo si es una acusación real o solo fue una equivocación. La mente de Lucy se comienza a dividir y exigir en recuerdos, busca patrones y pistas que la hagan encontrar la verdad, todo esto en medio de su práctica de Piano que cada vez se desborda más y genera más potencia.

La música definitivamente fue un acierto en el film, al mismo tiempo que la policía y Lucy descubrían pequeñas cosas, se fue dando al son de lo que acontecía, como si fuera una extensión de los personajes. Así, la dulce voz de Léa Seydoux cantando “Los chicos no lloran” se vuelve oscura y el piano no es tocado por sus manos sino por su alma rota, por sus cuestionamientos como madre, por obligarse de un día para otro dejar de amar a la persona que la hacía sentir más protegida y que cuando ya no había prueba irrefutable, siempre había sido un “Gentle Monster”. Definitivamente la actriz es una de las candidatas fuertes a llevarse el premio mayor del festival a mejor actriz por su actuación desgarradora.
Sigue toda la cobertura del Festival de Cannes en Spanglish Cinema.
