En el marco del Festival de Cine de Toronto, la directora Chloé Zhao, junto a los protagonistas Jessie Buckley y Paul Mescal, ofrecieron una profunda reflexión antes de la proyección de uno de los filmes que se convertiría en una de las obras más destacadas del año que comenzó con una meditación mindfulness que todo nos transportó al animo que no sabíamos necesitaríamos para lo que venía.
Más que narrarles la historia —que podrán experimentar ustedes mismos cuando se estrene en el país en pantalla grande— y evitando cualquier tipo de spoiler, les daré solo una pincelada general; el resto será una experiencia totalmente sensorial.
Al hablar de William Shakespeare, es imposible obviar a Hamlet y su icónica frase “Ser o no ser”. Sin embargo, poco se sabe sobre el proceso de creación de esta obra y del dolor de un hombre que solo logró canalizar su duelo a través de diálogos que pasarían a la historia.

Basada en la novela de Maggy O’Farrell, quien además coescribió el guion junto a Zhao, Hamnet nos adentra en la intimidad de William (Mescal), su relación con Agnes (Buckley) y su hijo Hamnet, interpretado de manera impresionante por Jacobi Jupe. Todo esto, desde la mirada de Zhao —ganadora del Oscar por Nomadland— quien reafirma su maestría en la conexión absoluta entre cámara y naturaleza, evocando el cine asiático y, en particular, las películas de Hayao Miyazaki, donde la naturaleza funciona como un personaje más.
En Hamnet, los elementos naturales sumergen a la audiencia en un estado de sincronía con las estaciones, que influyen directamente en los personajes, especialmente en Agnes, tras el nacimiento de sus hijos y la constante partida de William en busca de inspiración y trabajo. Es durante uno de esos viajes, al regresar, cuando su vida cambia para siempre, y sus emociones toman un rumbo más duro de lo que esperaba. Al conocer a Agnes, William confiesa: “No soy bueno con las palabras”, a lo que ella responde: “Entonces cuenta una historia”. Y eso fue exactamente lo que hizo.
Zhao, una vez más, nos brinda una clase magistral de economía narrativa, utilizando recursos mínimos para explorar el drama a través de la actuación. Mescal y Buckley entregan interpretaciones memorables, personificando el amor, el dolor y la resiliencia con absoluta convicción.
El filme nos ofrece, generosamente, no solo una historia sobre una figura icónica del imaginario colectivo, sino también una reflexión sobre la pérdida y el desconsuelo: no hay una única manera de vivirlos. Todos somos distintos y debemos aceptarnos en esa diversidad, en una naturaleza magnánima que siempre supera la suma de nuestras partes y que debemos comprender y cuidar para entendernos como seres humanos, respetando su ritmo y su espacio.
*Esta nota se actualizará con más detalles luego de su estreno en Chile.
