Kane Parsons: de los pasillos de YouTube a las salas de cine con Backrooms

Por el estreno y auge de la película «Backrooms», estuvimos en una conferencia de prensa con su director y co compositor Kane Parsons, quien nos detalló en profundidad sus decisiones visuales y también parte de su narrativa que tiene una sólida base siendo hijo de una madre terapeuta.

Backrooms

El film, laberíntico y a ratos clautrofóbico, incomoda y eso hace amerita un espectador activo, que vaya sintiendo junto al personaje la vulnerabilidad de la incertidumbre. Protagonizada por Chiwetel Ejiofor y la favorita del Festival de Cannes Renate Reinsve, el filme va jugando con esas sensaciones en su desarrollo transformando a sus protagonistas y llevandolos -sobre todo a Clarke (Ejiofor)-, al límite. Kane Parsons conoce bien esa sensación. Antes de llevar Backrooms al cine, pasó años construyéndola en internet, aprendiendo a convertir lugares aparentemente insignificantes en algo que podía quedarse en la cabeza del espectador.

Durante esta conferencia de prensa, el director habló precisamente de eso: de la ambigüedad, de los espacios y de lo que ocurre cuando una idea nacida en YouTube termina creciendo hasta convertirse en una película y para él, no todo tiene que tener una respuesta.

“Siempre me inclino por la ambigüedad”, explicó al hablar de su manera de trabajar. Su interés viene, en parte, de una idea bastante sencilla: la vida tampoco entrega respuestas al final de cada experiencia. No existe una escena final que explique qué hicimos bien, qué hicimos mal o qué significaba realmente todo lo que acabamos de vivir. Por eso, cuando se enfrenta a un universo tan extraño como el de Backrooms, prefiere no cerrarlo por completo, comenta el cineasta.

Fotograma película Backrooms

Del computador a la sala de cine

El origen de Backrooms es inseparable de YouTube. Parsons comenzó allí, experimentando con efectos visuales y con una estética de metraje encontrado que poco a poco terminó convirtiéndose en un universo propio. El fenómeno creció hasta el punto de llevarlo a una producción cinematográfica mucho mayor, pero el cambio de formato no fue simplemente cuestión de tener más dinero o mejores cámaras.

En YouTube podía permitirse que un personaje caminara durante varios minutos por un pasillo. El espectador podía detener el video, adelantarlo o volver atrás. En una sala de cine, esa relación cambia. Hay un tiempo determinado y una audiencia que comparte la misma experiencia. Es por esto que les comentaba que necesita un espectador activo.

Por eso, el largometraje tuvo que encontrar otro equilibrio. Parsons quería conservar la sensación de exploración de sus primeros trabajos, pero también construir una historia emocional más concentrada. Donde el resultado es una película es la práctica de lo que hacía en YouTube, con esa sensibilidad, y llevarla al lenguaje cinematográfico.

Parsons lo explica como si Backrooms fuera un árbol: una misma idea puede crecer hacia diferentes ramas, distintos formatos y diferentes historias. La serie online construía el misterio y la lógica del universo; la película, en cambio, podía detenerse más en los personajes y en lo que significa encontrarse dentro de ese mundo.

Fotograma de la película Backrooms

Cuando un escenario tiene memoria

Quizás una de las cosas más interesantes de Backrooms es que sus espacios no parecen estar ahí únicamente para que los personajes los atraviesen. La arquitectura no es tal, sino solo un puente para llegar a la mente humana, sus traumas, duelos y penas subconscientes. En ese contexto, Parsons comentó sobre su fascinación por los edificios y de esa tendencia personal a atribuirles características humanas. En la película, esa relación se vuelve especialmente importante. Los lugares parecen tener memoria, o al menos provocar la sensación de que la tienen.

Así, un espacio puede llevarnos de regreso a otro momento de nuestra vida sin necesidad de explicarnos por qué. Una habitación puede recordar a una casa de la infancia. Un pasillo puede despertar una sensación que creíamos olvidada. En ese sentido se extiende como personaje, como hemos visto en otros filmes como el reciente oscarizado Sentimental Value, también con Renate Reinsve, donde la casa es parte de la memoria inmaterial.

Descubrir esa sensación se volvió vital para el joven realizador quien decidió mantener la cámara cerca de los personajes porque no quería que el espectador tuviera siempre una visión privilegiada del lugar. Al contrario, quería que lo descubrieran con ellos.

No es solamente una película de terror

Llamar a Backrooms una película de terror es prácticamente inevitable. El universo nació asociado a una estética inquietante y la película tiene, por supuesto, momentos diseñados para generar tensión y miedo. Pero eso sería reduccionista. Parsons no parece particularmente interesado en que el susto sea el destino final. Su intención, según explicó, está más cerca de la introspección. Le interesa lo que ocurre cuando una persona intenta encontrarle sentido a algo que está fuera de su control. La memoria, la pérdida, el duelo y las relaciones humanas aparecen dentro de esa búsqueda, aunque el director tampoco quiere encerrar la película bajo una única interpretación.

Fotograma de la película Backrooms

El lenguaje de una generación criada en internet

La historia de Parsons también dice algo sobre el momento que atraviesa el cine.

Hollywood, queramoslo o no, lleva tiempo mirando hacia YouTube en busca de nuevos directores, y Backrooms es uno de los ejemplos más evidentes de ese cambio. Parsons cree que internet ha acelerado un proceso que antes podía tardar años y para alguien que ha crecido dentro de esa dinámica, esa relación con la audiencia se vuelve casi instintiva.

El también co compositor, tampoco cree tener una fórmula secreta para conectar con la Generación Z. Al contrario: buena parte de esa sensibilidad, dice, proviene simplemente de haber crecido conectado a internet. Revisar comentarios, observar las reacciones de la gente y vivir dentro de las redes sociales termina formando una especie de intuición sobre cómo una obra puede ser recibida.

Quizás por eso Backrooms tiene una conexión tan particular con una audiencia que ya conocía el concepto antes de entrar al cine. Pero la película tampoco depende completamente de esa familiaridad. Debajo del fenómeno de internet hay algo mucho más antiguo: la sensación de entrar en un lugar conocido y descubrir que, de alguna manera, ya no lo reconocemos.

Texturas cinematográficas

Hay otra conexión importante entre el Parsons de YouTube y el de la pantalla grande: la imagen.

La estética de Backrooms recupera la textura de las videocámaras y del VHS de finales de los años 80 y principios de los 90. Pero detrás de esa apariencia aparentemente sencilla hay un proceso bastante más elaborado. Explicó que durante sus primeros trabajos utilizaba efectos visuales y posteriormente pasaba las imágenes por una videograbadora para conseguir la textura que buscaba. Para la película, el equipo pudo rodar con cámaras profesionales y construir los efectos visuales con mucha mayor precisión antes de volver a llevar el material a cinta.

Es una paradoja interesante: para conseguir una imagen que parece vieja y defectuosa, la producción necesitó primero una tecnología mucho más sofisticada.

Backrooms nació de una idea que podía parecer pequeña —un espacio vacío, una cámara, una sensación extraña y terminó convirtiéndose en una película capaz de llegar mucho más lejos de lo que Parsons podía imaginar cuando comenzó.

La Película ya está en cines de Estados Unidos y Latinoamérica

¿Te gustó este artículo?

Compartir en Facebook
Compartir en Twitter
Compartir en LinkedIn
Compartir en Gmail