El uso de inteligencia artificial (IA) en la industria cinematográfica está dejando de ser una novedad para convertirse en una práctica cada vez más común. Sin embargo, la creciente integración de esta tecnología en la producción de películas ha comenzado a generar controversias, poniendo en duda la autenticidad de las obras y el impacto de la IA en el proceso creativo. Tras las controversias generadas por The Brutalist y Emilia Pérez, la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood está considerando la implementación de reglas que obliguen a las películas a divulgar su uso de IA en la postproducción, un cambio que podría entrar en vigor en los Oscars de 2026.

Como menciona un artículo de Variety, The Brutalist, un contendiente al Oscar a la mejor película, fue uno de los primeros en llamar la atención por el uso de IA. En su proceso de edición, la película utilizó la tecnología de audio Respeecher, la cual permitió realizar ajustes en el diálogo húngaro para corregir ciertos sonidos. Sin embargo, el director Brady Corbet aclaró que las actuaciones de los actores principales, Adrien Brody y Felicity Jones, no fueron modificadas por la IA. A pesar de esta aclaración, el uso de estas herramientas de IA generó interrogantes sobre el alcance de las modificaciones en los proyectos cinematográficos.
Pero The Brutalist no es la única película que ha utilizado la inteligencia artificial. La película Emilia Pérez, que también está en la mira de la Academia, se beneficia de tecnologías como AudioShake, que permite aislar las voces. El debate se centra en cómo estos avances tecnológicos pueden cambiar el resultado final de una obra y si eso afecta la “autenticidad” que se espera de un trabajo cinematográfico.

Por ende, con el aumento del uso de IA, la Academia busca ser más transparente sobre su aplicación en las producciones. La propuesta de obligar a los cineastas a declarar el uso de IA pretende mantener la equidad y claridad en las nominaciones, permitiendo a la audiencia y los jurados conocer el grado de intervención tecnológica en cada obra.
Así, la industria del cine se enfrenta a una nueva encrucijada y a una conversación que necesite un consenso que tiene que ver con el cómo integrar las herramientas del futuro sin perder la esencia humana y artística que ha caracterizado a las grandes producciones a lo largo de todos los años y que ha forjado la historia del cine.
