“La habitación de al lado”: El milagro de partir

El gran cineasta Pedro Almodóvar ha estrenado este fin de semana en salas latinoamericanas su primer largometraje en inglés, «La habitación de al lado» y es una cita imperdible que sacude el alma ante tanto desborde de amor, política y arte.

“La habitación de al lado” está basada en la novela “Cuál es tu tormento” de la escritora neoyorquina Sygrid Nunez. Para mantener algo de fidelidad, el director manchego de más de 40 años de experiencia con la cámara se aventura y traslada su estilo a una Nueva York post pandemia y rueda con actrices de alta impronta de Hollywood como Julianne Moore y Tilda Swinton. Las actrices sostienen con su fuerza interpretativa cada plano que merece esta historia.

Para quienes seguimos de cerca la obra de este director, resulta innegable que la muerte siempre ha sido una presencia constante en su cine: a veces como motor de la tragedia, otras en los márgenes, y en ocasiones incluso como chispa de la comedia, como cuando Carmen Maura vuelve de entre los muertos en Volver. Sin embargo, en “La habitación de al lado”, el cineasta le hace frente a la muerte con una madurez sabia y explora un sendero más introspectivo y contenido. Esta vez, la muerte es un espacio para meditar, un telón que se baja con naturalidad y autoaceptación.

En “La habitación de al lado” nos encontraremos a dos amigas que compartieron un vínculo muy cercano en su juventud y que el destino las creó muy distintas frente a la muerte. Ingrid  (Tilda Swinton) es una reportera de guerra, un trabajo donde puso a sus narices  el caos y la brutalidad. Mientras que Ingrid (Julianne Moore)  se consagra como novelista de autoficción, desnudando sus miedos frente a la muerte. La vida, inevitablemente, las separó, y los años sin contacto las convirtieron en desconocidas. Pero el destino vuelve a entrelazarlas en un encuentro inesperado, y las pone frente a  una situación trágica en la que el director le despoja de todo lo lúgubre y lo convierte en un hecho casi ‘estoico’ donde la libertad es el único bien preciado.

En esta propuesta, el director se atreve a abrazar la muerte sin prejuicios y entrelaza en este vínculo de amistad un discurso tan potente en el que lejos de hundirnos en la tragedia, es posible transformarla en un acto de amor, color y arte. Con una sensibilidad refinada, la película nos recuerda que a veces, la verdadera puerta hacia nuestro final está en esa rendición poética ante la mortalidad, en aceptar el fin con dignidad y, sobre todo, en abrazar las decisiones y el paso del tiempo.

“Nunca vi a un animal salvaje sentir pena de sí mismo. El animal caerá muerto de su rama sin haber sentido jamás lástima de sí mismo” cita Joan Didion a D. H Lawrence en su libro ‘El año del pensamiento mágico’ en el que la escritora a través de esas crónicas intenta desentrañar el duelo pero sobre todo naturalizar la muerte. En ese mismo trazo, Pedro convierte a estas dos mujeres en esos animales que se alejan de la autocompasión para acercarse a la aceptación, la serenidad y la dignidad. Y frente a eso el director logra reflejar el acto político más grande de hoy que es el amor sin perjuicio.  Y frente a esa libertad, cada hecho natural se convierte en un milagro desde observar la nieve hasta a escuchar el sonido de los pájaros.

Y en ese milagro, el director logra gracias al ritmo del compositor Alberto Iglesias impregnar algunos pasajes de una atmósfera hipnótica donde se logran referencias tan vigorosas como a ‘Persona’ de Bergman, o ‘The Dead’ de John Huston y James Joyce. Pero sobre todo el arte abriga y acompaña a esta amistad. Desde películas como de Buster Keaton a  Viaje a Italia, o libros como Erotic Vagrancy y así las alusiones resuenan en todo el metraje.

En un pasaje de la película, la pintura de Hopper ‘Tomando el sol’  aparece y será una especie de brújula para Martha donde echarse a una reposera a contemplar se convierte en la libertad de aceptar nuestra fragilidad y la efímera naturaleza de nuestra existencia, porque como decía Séneca ‘mal vive quien no sabe morir bien’.

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