La naturaleza de las cosas invisibles : Niñas descubriendo lo inmaterial

Aquello que no se ve, pero se siente, se percibe o se sufre -en un espectro tan amplio como el amor, el dolor, la empatía o la presencia de la muerte rondando- está presente en la vida de dos mujeres, sus respectivas hijas y la abuela de una de ellas en la co-producción entre Brasil y Chile «La naturaleza de las cosas invisibles», ópera prima de la directora y guionista brasileña Rafaela Camelov, que se estrena en salas chilenas el 6 de agosto. 

Gloria (una convincente actuación de Laura Brandão) es una niña de 10 años que debe acompañar a su mamá -la enfermera Antonia- a su trabajo en el hospital, donde conoce a Sofía (Serena) de su misma edad, a la madre de ella, Simona, y a su bisabuela, Bisa, una curandera con Alzheimer internada tras un accidente.

Fotograma Film La naturaleza de las cosas invisibles

Como su corazón dejó de funcionar, Gloria tuvo una operación cardíaca que le dejó una gran cicatriz en el pecho como recordatorio de la fragilidad de la vida, donde le reemplazaron su fallido corazón por el de un donante. «¿Si era el corazón de otra persona, ¿esa persona se quedó sin su corazón?», le pregunta ingenuamente su nueva amiga Sofía, tratando de entender desde su mirada infantil cómo un mismo corazón puede ser compartido por dos cuerpos distintos. 

Ambas niñas juegan entre camillas y salas de espera, porque sus madres no tienen con quien dejarlas. Una, mientras trabaja; la otra, en tanto la abuela está internada. Escabullendo la supervisión adulta, Gloria y Sofía recorren los pisos prohibidos del hospital, donde descubren que depositan a los muertos. 

Por eso Gloria reacciona indignada (en una escena de gran potencia dramática interpretada por la pequeña Laura) cuando su mamá le contesta que no piense en la muerte porque es una niña, cuando ella le pregunta si hay alguna forma de saber cómo vamos a morir. Yendo todos los días al hospital y enfrentando la muerte a diario, difícil no preguntáselo. 

Cómo las infancias procesan situaciones difíciles, se enfrentan a la muerte -la que ronda en el hospital, la que amenaza su corazón, la que persigue a la abuela de Sofía- y a aquellas «cosas invisibles» a las que alude el título de esta ficción, son preguntas basadas en los recuerdos de la infancia de la directora, cuando sentía una mezcla de curiosidad, temor y misterio frente a la muerte. 

Fotograma film La naturaleza de las cosas invisibles

En un mundo conformado por mujeres y padres ausentes, las niñas combinan los juegos naturales de su edad con el descubrimiento de temas complejos de los que los adultos prefieren no hablar, en esta ficción que incorpora la perspectiva de género, reconociendo la monomarentalidad y el trabajo de cuidados a las infancias y la vejez. Sin ninguna duda, «La naturaleza de las cosas invisibles» pasa con creces el Test de Brechdel, al construir potentes personajes femeninos sororos entre sí, con un buen arco dramático de la niña protagonista. 

En apoyo mutuo entre las dos mujeres jefas de hogar, en que la abuela recibirá cuidados paliativos de la enfermera y las niñas podrán disfrutar de sus vacaciones escolares (en vez de pasarlas en el hospital), las cinco mujeres se van al campo de donde es originaria la abuela Bisa. Allí serán recibidas por una comunidad de mujeres que apoyarán el cuidado de la abuela, realizarán ritos para dar descanso a las almas y donde lo invisible se expresa como un movimiento natural entre la vida y la muerte. 

Estrenada en la sección Generation de la Berlinale y co-producida entre Brasil y Chile, «La naturaleza de las cosas invisibles» cuenta con la participación chilena de la destacada directora de fotografía nacional Francisca Sáez Agurto, la música de Alekos Vuskovic y producción de Rebeca Gutiérrez de  Pinda producciones.

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