Mexicanamerican: Eddie Sánchez y el arte de reencontrar sus raíces

Hay algo profundamente universal en la historia que cuenta Eddie Sánchez. Su primer documental, Mexicanamerican, presentado en premiere mundial en el festival de Tribeca, parte de una constatación simple y dolorosa: crecer entre dos culturas es, a menudo, terminar sin pertenecer realmente a ninguna.

La película recorre el camino de Lalo y Beby Sánchez, sus padres, quienes salieron de pequeños ranchos rurales en Jalisco, México, para construir una vida en Estados Unidos. Pero es también, y quizás sobre todo, el relato de un hijo que se da cuenta demasiado tarde de lo que dejó atrás en su afán de asimilación.

Fotograma Mexicanamerican, gentileza de Tribeca Film Festival

Para muchas familias inmigrantes, la historia de sus orígenes a menudo se pierde en el silencio. «Yo siempre he sentido que mis papás, y en general mi familia, no cuentan muchas historias de nuestro pasado», nos confiesa el director. «Al ser muy humildes, piensan que a nadie le van a interesar esas historias, entonces no piensan en contarlas».

Al principio, Sánchez se negaba a aparecer en pantalla, prefiriendo quedarse detrás de la cámara. Sin embargo, rápidamente comprendió que no podía contar la historia de sus padres sin incluirse a sí mismo y a sus hermanos, revelando el verdadero núcleo de la cinta: «Quería ser como los demás en mi escuela, estar más conectado con la cultura estadounidense que con la cultura mexicana. Y eso es algo que ahora, como adulto, quiero arreglar con mis papás».

Un tesoro de 30 horas en VHS

En el corazón de la película reside un hallazgo inesperado: decenas de casetes VHS que sus padres grababan para enviar a México. Era su manera de «visitar» a la familia que no podían ver físicamente antes de naturalizarse como ciudadanos estadounidenses.

Al enfrentarse a este archivo íntimo, Eddie Sánchez vivió algo extraño y revelador a la vez. «Era muy raro verme a mí y a mis hermanos vivir experiencias que no recuerdo, en los noventas. Pero cuando uno mira lo que grabaron mis papás, se fija en que estás mirando el mundo literalmente por sus ojos, por su perspectiva y se puede sentir todo el amor que tienen para nosotros».

Fueron treinta horas de material, revisadas metódicamente, nota tras nota. El director buscaba la poética oculta en lo cotidiano. «Escribía la hora exacta, apuntaba si algo me parecía cinematográfico sin saber cómo lo iba a usar, solo si me afectaba visualmente».

Fotograma Mexicanamerican, gentileza Tribeca Film Festival

Dejó a un lado las interminables fiestas de cumpleaños para centrarse en destellos de belleza pura: sus padres grabando unas flores o la composición visual de estar en la playa. Fue un proceso de excavación más que de construcción, donde el montaje en forma de collage llegó después, como una revelación artística.

Lo que la inmigración no dice

Mexicanamerican no habla de política migratoria, ni del sistema, ni de leyes. Es una decisión asumida, casi militante en su discreción, para devolverle la humanidad a un tema a menudo reducido a estadísticas.

«Lo que me importaba era cómo se sentía, lo que no se dice suficiente es el costo de los sacrificios menos materiales, los sacrificios espirituales y emocionales de asimilarse en otro país. Eso es lo que hace mi película diferente de lo que normalmente se platica».

Con esta obra, el director se dirige a dos públicos distintos: a quienes nunca han conocido de cerca la experiencia de los refugiados o inmigrantes, para que puedan «ver la humanidad dentro de lo que normalmente es un dato estadístico», y a quienes la han vivido desde adentro. «Nunca he visto una película que hable de estas situaciones desde esta perspectiva. Espero que esto pueda inspirar conversaciones en otras familias».

«Buscaron Tribeca en Google»

La reacción de Lalo y Beby ante la selección en el festival neoyorquino es, quizás, la escena más hermosa que la película no muestra.

Sánchez recuerda con una sonrisa el proceso de enseñarles el documental terminado. «Al principio no entendían por qué esta historia le iba a interesar a la gente. Tampoco les gustó tanto la película artísticamente, no entendían el sentido, porque la forma en que está hecha es un poco rara. Pero cuando vieron que estaba en Tribeca, buscaron en Google la información para entender qué significaba y que eran parte de algo que está afectando a la gente».

¿Y ahora? «Están muy orgullosos. Pero más que nada están orgullosos de mí, no son egoístas. Nomás están felices de que yo esté teniendo esta forma de éxito».

En cuanto a Eddie Sánchez, sabe que la catarsis cinematográfica no cierra el capítulo de su identidad de manera definitiva. Es, como la vida misma, un trabajo en progreso. «El hecho de haber hecho esta película y estrenarla no significa que todo ya está arreglado. Siempre tengo que tomar conscientemente la decisión de no olvidar mis raíces. Es un proceso continuo».

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