Mr. Nelson, did you kill people?: el sinsentido del cine bélico moderno

¿Por qué fustigar al espectador en un magma mediático que insiste tanto en hacer brotar los comportamientos morbosos del humano? Era una de las preguntas que este crítico no se podía parar de repetir entre tanto sonido de bala y cuerpo desmembrado.

En “Mr. Nelson, did you kill people?” el japonés Shinji Tsukamoto aborda el trauma de la Guerra de Vietnam desde un sentido de la rabia muy interesante y certero, pero en absoluto original y, si se permite el término, innecesario.

El discurso de la película profundiza en la psique de un soldado afroamericano enviado al Vietcong y que sufría maltratos en casa, y la trama echa mano del recurso del flashback, previsiblemente utilizado en cada caso. Cabe preguntarse, pues, si una película así concebida no engrasa esta misma perspectiva brutal -somos lo que han hecho de nosotros- e invoca el efecto contrario del que pretende buscar. En las imágenes reiterativas y bestiales de “Mr. Nelson, did you kill people?” hay más anhelo de impacto que de pacifismo, como si de repente Tsukamoto se hubiese olvidado por completo que le preceden autores del calibre de Mizoguchi, Imamura y por supuesto Resnais, Coppola o Kubrick, cineastas que miraron las catástrofes y las injusticias del siglo XX desde un prisma trascendente y evocador que se sobreponía a la mera crueldad expositiva. De hecho, ninguna de las películas que los lectores tendrán en la cabeza al pensar en estos nombres se agota en una mera lectura del conflicto concreto, sino que se abren a valores humanos y a dimensiones de carácter mucho más universal, y en cuyos principios fundamentales deberíamos volver a mirarnos.

Fotograma Película Mr. Nelson, did you kill people?

Pese a que el filme arranca con un sorprendente ejercicio a base de planos detalle y elipsis narrativas, el espectador no tarda en ser acosado por la sensación de que está delante de pacientes y no de personajes. Sorprende, pues, la falta de sutileza narrativa en muchos momentos.

Tsukamoto plantea preguntas indudablemente complejas que hace décadas el psicoanálisis ya intentaba responder. A este respecto, el aliento del filme es de refrito e invoca la idea de que el espectador actual, inmersos como estamos en nuevos conflictos motivados por el uso de las nuevas tecnologías, necesita más poesía que visceralidad, más iconoclasia y desconfianza hacia la imagen que fe absoluta hacia su imposición. La película se queda muy corta a la hora de indagar las consecuencias psicológicas de la guerra, y también a leguas de la ambigüedad que lograba Paul Thomas Anderson en “The Master”, con un Joaquin Phoenix que acuerpaba a un modelo de masculinidad con muchos más matices y variables.

Fotograma Mr. Nelson, did you kill people?

En definitiva, si la senda del cine bélico es la de subrayar lo que las televisiones, los videojuegos y las redes sociales ya se esfuerzan en pintar y bajo vías mucho más sofisticadas de control de la atención y de programación mental (porque no, el contexto ya no es el de “Salvar al soldado Ryan”, donde el patriotismo en la ficción todavía no había quedado del todo desenmascarado, como acaece hoy), quizá mejor apearse y volver a leer a autores como Norman Mailer, Primo Levi o Erich Maria Remarque.

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