¿Qué pasaría si de un día para otro sientes que tu vida se ha estancado, amas a tu hijo, pero estás tan fuera de ti que ya no sabes quién eres y cómo llegaste hasta ahí? Y si a eso le sumas extrañas apariciones de síntomas como pelos de perro en el cuerpo, una aparición de un rabo y una necesidad de salir en la noche a cazar?
Basado en el libro de Rachel Yoder que lleva el mismo nombre que la película, el personaje sin nombre interpretado por Amy Adams (Nocturnal Animals) ha dejado su carrera de artista atrás para dedicarse en su totalidad a la crianza de su hijo en los suburbios. Su pareja, interpretada por Scoot McNairy (Love Life) viaja constantemente y cuando está en la casa no es ayuda para esta madre que está sobrepasada entre su vida y el recuerdo de la que fue.

Si hicieramos un paralelismo con “The Substance” y su literalidad para mostrar las expectativas del sistema ante la ilusoria creencia del no envejecimiento de las mujeres, “NightBitch” lo sería hacia los momentos más oscuros de la maternidad y sus expectativas sociales, con horror incluido, su directora Marielle Heller, explota con la misma visualidad agresiva e incómoda para demostrar los absurdos estándares que se espera de las madres, incluso entre sus pares.
En el desamparo de la soledad de esta madre, que siempre está con su hijo intentando darle lo mejor de sí pero no estando en el presente para ella, empieza a pasarle la cuenta y sus impulsos se van volviendo cada más animalísticos, comienza a ladrarle a su hijo para comunicarse y también a la gente que no conoce, se descubre seis pezones, una cola comienza a aparecer en su cuerpo en las noches, perros llegan a la entrada de su casa a esperarla y comienza a vivir una vida paralela nocturna con esta manada donde da rienda suelta al animal que lleva dentro.

Esta doble vida empieza a pasarle la cuenta en el día donde comienza a tomar extrañas actitudes con su hijo como invitarlo a comer como perro, incluso comprándole platos y cama de can, lo que se extiende al espacio público donde todos clavan las miradas en esta relación sin ningún tipo de pudor social, cuando en un mall comen directamente desde el plato la carne ue han pedido, lo que por un lado la aleja del sistema, pero por otro la hace conectar desde un lado más puro y honesto con un grupo de madres, que si bien encuentran que actúa de manera errática, la verdad y lo explícito de sus palabras y alegatos sobre las expectativas de ser madre les va haciendo sentido y le permite a ellas también, tener un espacio de desahogo que no hubiese sido posible sin la literalidad del personaje de Adam.
Hay imágenes grotescas y difíciles de seguir, pero es parte de la necesidad de la directora de acompañar la importancia del tema con una violencia visual que permita incomodar al espectador y llevarlo a reflexionar sobre los prejuicios instaurados sobre las mujeres, categorizándolas y encasillándolas a un rol o a otro dejando de lado la interseccionalidad de ser madre, mujer, profesional, pareja y muchas cosas más. Entre ellas, para el caso de este film, incluso una perra que desata todas sus frustraciones en su versión animal.

La mayoría del relato de Adams se da en voz en off, es ella en sus pensamientos y monólogos internos, en la ensoñación de querer contestar honestamente lo que le preguntan versus lo que debe contestar por los estándares sociales, lo que produce un juego interesante para el espectador que logra inmiscuirse en la mente de la protagonista y ser su cómplice ante la realidad versus el mundo que le gustaría explorar sin restricciones. A través de todos estos cambios también logra conectarse con su propia madre (Kerry O’Malley), en una forma de entender lo que significa la maternidad y cómo la debe haber vivido, también de forma animal ante todas las expectativas más marcadas aún en antiguas generaciones, y que aunque la abandonó, le hace una especie de homenaje enmarcado en este realismo mágico que sirve como analogía de como esta mujer está viviendo la maternidad.
La actuación de Adams es admirable, físicamente la vemos ponerse con las manos y pies en el suelo cavando en el pasto o arrancando con alevosía un pedazo de un animal muerto. Cambiando de ánimo de un momento a otro, donde su histrionismo nos hace dar cuenta que en cualquier momento explotará en esa rabia salvaje que transforma sus ojos, los vuelve penetrantes ante su presa y se transforman a un color jaspeado animalístico. Un arco de personaje que la lleva a demostrar el talento que la ha llevado a adjudicarse un Golden Globe y seis nominaciones a los premios de la academia.
Un film lleno de simbolísmos, lo animalístico del proceso de dar a luz, el ser reducida a ser mamá, las expectativas sociales al serlo, un sin fin de «Deber Ser» que se ve transformado en la protagonista con la libertad de transitar la maternidad como un animal, en este caso un perro.
Amy Adams impacta con un retrato de la maternidad en Toronto
¿Qué opinas? Déjanos tus comentarios
