A propósito de la temporada de premios y la presencia en premios de “One Battle After Another”, en los premios Gotham y en los recientes de la Crítica de Los Ángeles, como Carrie Bradshow no puedo más que preguntarme ¿hasta cuando se premia la misoginia e hipersexualización en Hollywood?
La nueva película de Paul Thomas Anderson, “One Battle After Another” está arrasando en la temporada de premios, y si bien, no se puede negar la maestría del aspecto técnico en que el director aborda las secuencias que es parte de su sello de excelencia, sin embargo, sigue utilizando arquetipos de mujeres hipersexualizando, en esta ocasión, a sus protagonistas, con especial énfasis en el personaje de perfidia interpretado por Teyana Taylor, y su relación con quien es el encargado de encarnar este estereotipo el coronel Lackjaw, performado por Sean Pean, quien la obliga en distintas ocasiones a realizarle sexo oral y otros, en un juego de poder de jerarquía clásico del sistema patriarcal, lo que ella termina concretando para salir de las distintas situaciones a las que se ve expuesta por ser la líder del movimiento de resistencia, grupo donde coprotagoniza la primera parte del film con Leonardo Dicaprio quien interpreta a Bob Ferguson.
El film es contemporáneo respecto a la crisis con la que el presidente de los Estados Unidos ha abordado el tema migratorio lo que definitivamente puede crear un vinculo con la audiencia, como también los seguidores de la carrera del director, el protagonismo de Dicaprio y Benicio del Toro (Sergio) o las brillantes actuaciones de Regina Hall (Deandra) y Chase Infiniti (Willa), pero la violencia simbólica de la primera media hora del film está arraigada en lo explícito y creo que acá es dónde debiésemos preguntarnos después de todo lo avanzado, ¿sigue siendo un recurso cinematográfico necesario?. Pienso en películas dirigidas por mujeres este año, la primera ficción de Marianna Brennand, “Manas”, donde a pesar de retratar temas que están pasando en este momento con el abuso sexual, nunca interpretó una escena para no exponer a una niña, ni mujeres a seguir reproduciendo la violencia en pantalla, lo mismo hizo con su debut directorial Eva Victor, con “Sorry, Baby”, donde, brillantemente, la actriz, directora y escritora, con solo un cambio de luz guía al auditor para que sepa lo que está pasando, y no solo mujeres o películas más de corte independiente, hay esfuerzos de películas, un poco más comerciales, pero que intentan cooperar hacia un camino distinto, como“Song Sung Blue” con Kate Hudson y dirigida por Craig Brewer, que son apoyadas por el instituto de Geena Davis por su cercanía al sello Reframe, respecto a cómo aborda el diálogo sobre su protagonista.
El séptimo arte nos ha demostrado que hay formas de narrar que impactan, incluso mucho más, al ser sutiles. Cuando se intenta proteger a la audiencia de estereotipos y códigos intrínsecos de una sociedad que ha luchado por cambiar la visión de la mujer en la industria del cine y hoy, con este film y el impacto que esta teniendo en la crítica me a hace reafirmar que el camino aún es largo y que hay cosas que siguen quedando a un lado – porque no se puede negar que esta película está llena de secuencias maravillosas visualmente como la de la carretera- pero el desafío sigue siendo gigante en temáticas que no están siendo abordadas tanto en su revisión narrativa, como en crítica de ella, que nos demuestran un Hollywood aún pide a gritos la erosión de estereotipos y violencia explicita y simbólica contra la mujer, aunque sean arquetipos que están totalmente arraigados y naturalizados en una sociedad que sigue celebrando patrones culturales que debiesen estar obsoletos.
