Llegó a los cines latinoamericanos ‘Robot Salvaje’ la nueva apuesta de DreamWorks que perfila como una de las grandes candidatas para cabalgar en la temporada de premios y hacerle frente a la factoría de Disney que tiene a IntensaMente 2.
Puede que este comentario sobre esta película esté ayudado por mi situación privilegiada, me refiero a que tengo el agrado de ver las películas animadas con mi hijo, y queramos o no, no hay nada más lindo y nutritivo que ver las apuestas de animación con niños. Es como si nos prestarán sus ojos por un rato y pudiéramos acordarnos de abandonar cualquier prejuicio y entregarnos aún más a la experiencia y al relato. Por lo menos así lo vivimos en Robot Salvaje, donde la tecnología y la naturaleza se encuentran, conviven y se elevan para exudar una fábula sobre grandes ideas que atraviesan nuestra contemporaneidad en un montaje que llama a aquietar estímulos y avivar los vínculos.
Robot Salvaje sigue la historia de una robot ROZZUM 7134, conocida como ‘Roz’, una asistente personal que, tras naufragar en una isla desierta, debe adaptarse a un entorno completamente nuevo. Al despertar y recomponerse, Roz se enfrenta a la tarea de aprender habilidades fuera de su programación original, como convivir con animales y asumir el rol de madre protectora de un ganso huérfano.

Esta historia está basada en la famosa novela ilustrada de Peter Brown que ha tenido miles de seguidores por su poderoso relato sobre empatía e integración con los forasteros.
Además, el cineasta Chris Sanders, conocido por su trabajo en Los Croods, Cómo entrenar a tu dragón y Lilo & Stitch, dirige este proyecto que no solo resalta la conexión con la naturaleza sino que recalca la complejidad de la maternidad y la orfandad. Tal como en Lilo y Stitch, en donde la adorable Lilo es huérfana y es criada por su hermana mayor, la pequeña hace conexiones con otras criaturas y se apoya en ellas para surfear la existencia. En Robot Salvaje, Sanders explora con una valentía filosófica sobre cómo se construye el vínculo materno y sostiene que no es instintivo, casi que no estamos ‘programadas’ pero que se construye al punto de un descubrimiento simbiótico entre madre e hijo/a. Este vínculo es el que narra con una sensibilidad e inteligencia y para quienes mapaternen encontrarán viñetas cargadas de mensajes sanadores y reflexivos ya que así es maternar: no venimos con las respuestas, no estamos programados, de tal manera que la relación con nuestros hijos la vamos erigiendo con lo que nos ofrece nuestro entorno.
Y si en Lilo y Stitch, el mar y la arena cumplían un escenario ideal para esculpir un relato sobre la orfandad y el acogimiento de los forasteros, Sanders ahora decide trasladarse a la profundidad del bosque. El bosque siempre ha sido fuente de historias, escenario de fábulas y tablero de moralejas, en Robot Salvaje esta premisa se rescata con potencia, la película entiende que la infancia se salva con fantasías, se sana con relatos pero sobre todo se enmienda con la ética, la supervivencia y la convivencia fraternal. De hecho, el carismático zorro Bribón, que acompaña a Roz y al dulce ganso Pico Brillo en este viaje familiar transformador, comenta en un pasaje que no hay como un cuento para antes de dormir, es ‘un lugar seguro’ para la infancia, sostiene el astuto animal. Sin dudas, es el concepto que Robot Salvaje viene a perseguir. La película se siente como una fábula que resguarda a toda la familia entre puntos de comedia, drama y aventura con fotogramas cargados de una textura pintoresca y cautivadora que inhiben la realidad y reivindican a la animación como la fuente de fantasías.
“Robot Salvaje”: el cuento llega al cine
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