El film de director Guy Maddin es para verlo con la mente abierta y más que cuestionarse disfrutar.
La película, que ya pasó con algunas proyecciones por el Festival de Cannes este año, esta co-dirigida por Evan y Galen Johnson, quienes, junto a Maddin, saben reírse de Canadá de una manera única.
La película aterrizó en el Festival de Toronto y hizo que la sala de prensa e industria que la asistía sacara, a ratos, carcajadas que explotaban ante los incisivos diálogos satíricos. Poder poner en pantalla la incompetencia política de una manera tan hilarante y con personajes tan bien desarrollados no deja más remedio a quien la asiste de incorporarte al viaje de lo ridículo y el absurdo en el contexto de reflexionar sobre cómo funciona la toma de decisiones en altas esferas mundiales.
Es así como la película presenta a los líderes ficcionales de la cumbre del G7 que incluye a Estados Unidos, Alemania, Francia, Italia, Canadá y Reino Unido. Con un elenco que no podría haber sido mejor elegido y liderado por una siempre espectacular Cate Blanchett que lo que toma lo convierte en oro y que da gusto verla en proyectos que no son mainstream.
La actriz australiana representa a la máxima autoridad alemana, Hilda Ortmann, que invita a los otros miembros a la cumbre G7 a su país. Es así como el gran Charles Dance se une como el presidente de los Estados Unidos Edison Wolcott, un carismático Denis Ménochet interpreta a Sylvain Broulez el presidente de Francia, Cardosa Dewindt (Nikki Amuka-Bird) como la primera ministra de Reino Unido, Takehiro Hira se transforma en la cabeza líder de Japón como Tatsuro Iwasaki, Rolando Ravello se toma cada escena, con pocas palabras, pero un histrionismo digno de las mejores comedias como el primer ministro de Italia y un emocional Roy Dupuis como el encargado canadiense de participar en la cumbre, quien tiene secuencias que hizo explotar a la audiencia de la risa.
Todo parte cuando Hilda, invita a sus colegas políticos a realizar un discurso conjunto para abordar “la crisis”, es así como en la naturaleza y rodeados de vino y servicio de primera comienzan, igual que un novato, a enumerar todo lo que deben hacer para que el discurso funcione, lo gracioso en ello, es que lo que se menciona son las ideas más básicas que pueden existir para un discurso, sonde se palmotean la espalda por lo descrito.
En medio del bosque y luego del descubrimiento de un hombre momificado en una zanja que la líder alemana muestra con orgullo ante el arqueólogo que lo trabaja, comienza a desaparecer todos quienes los acompañan en el servicio, luego de tocar insistentemente una campana para pedir más alcohol, entienden que ya no hay nadie a su alrededor, que están solos y que, sin servicio de comunicación, nadie vendrá a buscarlos.

Es en ese minuto que los personajes se adentran en el bosque, con sets surrealistas y como sacados de una obra de teatro que le da más comedia a la situación, y frente a la escasez, angustia y crisis comienzan a aflorar sus verdaderas personalidades.
En medio del bosque van encontrando sorpresas que los van poniendo mas a prueba, un cerebro gigante del porte de un auto, Alicia Vikander, como Celestine Sproul, que aprendió otro lenguaje y es la mensajera de un nuevo orden, que ni los personajes ni lo espectadores logran entender, lo importante es reírse de lo absurdo que puede llegar a ser la política y el poner todo el poder del mundo en esos 7 personajes.
Una sátira impredecible, hipnótica e hilarante, que incluso en el ridículo, sacó lo mejor de su reparto y de la cultura popular para conectar con la idiosincrasia de cada país y de su posición política.
Definitivamente hay que asistirla alguna vez si eres amante del cine y la sátira, además una vez más Cate Blanchett no escatima en su talento y brilla, brilla y brilla.
“Rumours”: sátira política con Cate Blanchett en Toronto
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