“The Friend”: Un Gran Danés y Naomi Watts se roban el corazón del público en el NYFF

La película de David Siegel and Scott McGehee, basada en la novela de Sigrid Nuñez, se ganó al público del New York Film Festival que terminó rendido a los pies de un Gran Danés de nombre Bing, quien interpreta al adorable Apolo.

Bill Murray es Walter y Naomi Watts es Iris, han sido amigos durante mucho tiempo y su relación se podría definir en mejores amigos.

Son los dos escritores y profesores lo que los une aún más en su admiración mutua que se construye en una relación donde pueden hablar de todo y la complicidad forma la base de la relación.

Todo cambia abruptamente cuando Walter decide quitarse la vida, dejando a todo su entorno destrozado y lleno de interrogantes. Pero más allá que el existencialismo y vulnerabilidad que lo inmaterial del duelo provoca, el amigo más preciado de Iris deja a su más preciado legado un perro Gran Danés que había adoptado y al que le dio por nombre Apolo (Bing).

Apolo nunca fue bien recibido por la pareja de Walter, no lo quería en su casa y con la muerte de su pareja se basó en la amistad que tenía Iris, para afirmar que lo más adecuado para el can -y para ella- es que Apolo se vaya a vivir con el personaje de Naomi Watts.

Iris (Watts), vive en Nueva York, en un departamento de un dormitorio, rodeada de libros, un tocadiscos con vinilos y una mampara que separa el comedor del dormitorio principal, ella misma se define, a su vez, como una persona de gatos.

En su paso cansado y su mirada perdida se ve cuánto le afectó la muerte de su amigo, todo a su paso le trae recuerdos y cuando asiste a su funeral, es cuando Bárbara (Noma Dumezweni) la pareja de él, le pide hablar con ella en la semana, mientras Iris conversa con la ex señora (Carla Gugino) y la hija de Walter (Sarah Pidgeon), sin la menor idea de que la petición que le hará la viuda será la que cambie su vida por completo.

Cuando Bárbara abre la puerta de su casa y hace pasar a Iris la interrogante de la escritora es la misma que la del funeral, por ningún momento entiende por qué puede haber una conversación pendiente entre ambas, hasta que se menciona el nombre de Apolo.

La primera reacción de Iris a la petición de Bárbara, entre risas y asombro, fue un rotundo no. ¿cómo iba a sustentar tener un perro de ese tamaño en su apartamento?, más no teniendo afinidad con ellos, pero ante la insistencia de la dueña de casa y al conocer que Apolo también se encontraba en duelo, no le quedo otra alternativa que, a regañadientes, llevárselo junto a ella.

Apolo es un ejemplar impactante, blanco con negro, de 145 libras y que le llega a la cintura de la protagonista, por lo que el solo hecho de controlarlo en una caminata ya se vuelve un desafío. Cuando llega al departamento, el Gran Danés no quiere entrar al pequeño ascensor de edificio, solo logra subir a través de las escaleras haciendo a su cuidadora jadear de cansancio al acompañarlo. Al entrar al lugar e inspeccionarlo, elige la cama de Iris como su lugar y territorio, dejando poco o nulo espacio a la dueña del lugar quien tiene que inflar un colchón para poder dormir en el living luego de obtener un gruñido mientras intentaba compartir cama con el can.

Apolo duerme junto con la polera de su dueño y en sus ojos se percibe la pena que lleva por dentro, cualquiera que ponga en duda las emociones de los animales podrá sentir en esa mirada la desolación de perder a un ser querido, sus movimientos son lentos, su apetito ha quedado de lado y cualquier tipo de contacto con su nueva cuidadora es indiferente a su estado de melancolía ante la falta de su humano.

En un mutuo ejercicio de ir conociéndose, los esfuerzos que hace Iris van paso a paso, incluso a veces ante su propia naturaleza, sus tiempos luego del trabajo se hacen más cortos y debe correr a la casa que el primer día el invitado canino destrozó, o ha tenido que enfrascarse en tensas conversaciones con el supervisor del edificio que en reiteradas ocasiones le ha repetido que no se aceptan perros en el lugar.

La película va desarrollando una hermosa historia Inter especie de sanación, donde dos desconocidos se unen por el amor que le tenían a un común denominador que es Walter. Poco a poco Iris se va dando cuenta que Apolo es un entusiasta de la lectura, y disfruta de las narraciones de libros, tal como lo debe haber hecho su dueño y van forjando una relación que abre los corazones de quienes luego de un dolor tan fuerte lo habían cerrado.

Ante el cambio de vida de Iris y su preocupación por su nuevo compañero sus amistades le hacen una intervención, diciéndole que debería dejarlo en un refugio y continuar su vida, pero ya entonces, todo en la protagonista ha cambiado, su sequía de escritura ya no es tal, su cama es compartida con un Gran Danés gigante y el recuerdo de su más querido amigo solo se vuelve más fuerte en esta memoria colectiva que formaron este inusual par.

Todo esto en el contexto, del intento de desalojo de su departamento de Nueva York- que es el bien más preciado de todo quien vive en la Gran Manzana- y de los artilugios y dudas que pone Walter, desde el más allá, en el camino de la protagonista que deberá tomar una decisión de quedarse con él o no.

Una hermosa historia que hará a la audiencia reír y llorar, que conectará transversalmente con distintas geografías y generaciones porque el amor tiene muchas formas y viene también como un perrito en duelo que la obliga a sanar el suyo.

“The Friend”: un Gran Danés y Naomi Watts destacan en Toronto
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