The Man I Love: una historia de amor marcada por el SIDA

Este año uno de los dos cineastas norteamericanos en competencia es Ira Sachs, el único norteamericano gay, como dijo el realiazador entre risas.

La sensibilidad que tiene el artista es conocida por quien ha revisado su filmografía. Recién el año pasado quedaba seleccionado por los Film Independent con su película Peter Hujar´s Day donde también trabaja con Rebecca Hall.

Son los años ochenta y el cineasta, en conjunto con el escritor Mauricio Zacharias con quien escribió el guion, mezcla ficción con parte de lo que recuerda que vivió en esa época. El contraste de esa fuerza coral que tenía el desertar artístico del momento mezclada con la vulnerabilidad de una enfermedad que nadie conocía y que se estaba llevando a varios de sus seres queridos. Es ahí donde la narrativa de Sachs se detiene, específicamente en un personaje que vibra a través de la creatividad y el arte y que comienza a ser consumido por el SIDA. Él es Jimmy, un siempre espectacular Rami Malek que ya tiene en su cuerpo una historia parecida luego de haber construido a Freddie Mercury de una manera extraordinaria.

Jimmy se hace notar, es como si fuera una simbiosis artística que no debe contenerse porque se apaga. El escenario es su estado natural y su pareja, Dennis (Tom Sturridge), lo sabe, lo cuida y lo admira así. Libre. Su relación se basa en el cuidado de Dennis a Jimmy, cuando los conocemos Jimmy ya está enfermo y su pareja lleva un tiempo cuidándolo, es como un habilitador de arte y con un amor único – que Sturridge performa muy bien- recibe gente en la casa para que su pareja disfrute del cariño colectivo, del canto catártico y de ser el centro de atención.

Los protagonistas de «The Man I Love» en la alfombra rojas de Cannes

Su grupo de amigos denota una relación profunda y en él también, como actores secundarios, está Rebeca Hall y Ebon Moss- Bachrach quienes son el punto de inflexión para contarnos como auditores en qué estado de salud se encuentra el protagonista. Sin embargo, es un “outsider” el que llega a hacer sentir vivo a Jimmy. Interpretado por Luther Ford, es un vecino que ve a Jimmy como alguien inigualable de quien se enamora perdidamente y a pesar de la insistencia de sus cercanos al decirle que está enfermo, desde su ignorancia – y juventud- busca estar con el bajo toda consecuencia. Por el contrario, Jimmy, ve en él una forma de seguir encontrando vida y una pequeña satisfacción entre tanto dolor y conocimiento respecto a su crónica de su muerte anunciada.

En el film recorremos como ese brillo que Jimmy estaba acostumbrado a regalar se va apagando poco a poco, su voz ya no es la misma, su mente tampoco y si bien, él se va perdiendo y podemos verlo en su fisicalidad también. Es en su pareja Dennis donde la audiencia puede entender mejor el dolor de lo que está pasando. Con una actuación espectacular, Sturridge es contención pura durante toda la película, hasta que ya no lo es y es ahí donde brilla, brilla, brilla, como una fuerza de la naturaleza que nadie vio y de pronto te golpea en la cara con una potencia que deja un silencio suspendido por el amor y el dolor simultáneo que demuestra en una de las mejores escenas del film, dentro de un hospital.

Sin duda una película muy del tono de la filmografía del autor, con muchas autorreferencia a su vida, con un soundtrack extraordinario seleccionado por él y un diseño de vestuario que te transporta a los ochenta perfectamente detallado por Tommy Love. Una película disfrutable pero que se aleja de la carrera por la Palma de Oro.

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