Una sombra oscilante: La alquimia de la memoria

El cuarto oscuro en el que se revelan fotografías análogas es el lugar donde la artista visual y cineasta, Celeste Rojas Mugica, y su padre Luis forjaron un profundo vínculo artístico además de filial, en el que nos deja entrar a observar cómo se produce el milagro alquímico de capturar imágenes en el documental autobiográfico y ensayo documental con toques de cine experimental «Una sombra oscilante»

Este estreno del circuito Miradoc que pasó por festivales internacionales como FidMarseille o Viennale y nacionales como Fidocs (donde ganó la competencia nacional) y FicValdivia, es una aguda reflexión sobre memoria, militancia y relaciones padre-hija, en que la directora recupera archivos fotográficos de su padre cuando militaba en el MIR, estuvo exiliado en Ecuador y clandestino en dictadura. 

Son las fotos en blanco y negro impresas (como objetos duraderos y que ofrecen una experiencia táctil) las que Celeste analiza con nosotros, en un ejercicio en que fijamos la mirada en detalles que nos hablan de un momento en la historia de países latinoamericanos que Luis fotografió con una doble función: mapear las fronteras o los lugares del espacio público donde se harían operativos y, a su vez, ejercer el oficio. 

Fotograma película Una Sombra Oscilante

En plena clandestinidad, los miristas hacían el ejercicio de cerrar los ojos, imaginar un lugar y tener construida una situación, para que en caso de que los abordaran las fuerzas represivas tener una historia articulada que contar. En ese ir y venir entre ficción y realidad (con chapas que ocultaran su verdadero nombre incluidas), se confunden la memoria recordada o imaginada de su padre, que por momentos le pone límites a su hija al no narrar detalles sobre determinadas operaciones políticas, tal vez como una forma psicológica de defensa. Así como ellos mismos no se sacaban fotos de su cotidiano, como medida de seguridad. 

Contando el tiempo en que la fotografía es expuesta al líquido de revelado, agitando el tanque y haciendo pausas, la técnica fotográfica se constituye en un dispositivo narrativo que permite el encuentro intergeneracional a través del oficio y la memoria, para iluminar y revivir imágenes que ya ocurrieron. 

Si, como cree la directora, cada vez que se revisita una imagen de archivo ésta cambia y es un punto de encuentro luminoso entre pasado y presente, el documental Una sombra oscilante (2024) llega a salas para hacer ese cruce temporal en un momento político desmemoriado, con riesgo de retrocesos y donde las luces parecen sucumbir ante las sombras. 

No es casual que sea una mujer quien entrelace la vida personal/familiar con la política, como recuperación de la identidad familiar de un padre atravesada por la política institucional y marcada por la clandestinidad en el marco de un momento histórico autoritario. Porque «lo personal es político», Rojas Mugica hace parte de agudas, reflexivas y valientes documentalistas latinoamericanas que abren su intimidad como un ejercicio reparador, además de artístico y político. 

Rojas Mugica filmó Una sombra oscilante en 16 milímetros, formato que ha explorado en su obra artística que se emparenta con lo analógico de los materiales de la película. Tras un proceso de recuperación de los archivos fotográficos de su padre, Celeste primero trabajó en una instalación en sala, luego en un libro y, finalmente, en esta película que condensa el proceso alquímico de transformar imágenes en el oro de la memoria contra el olvido.-

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