Werner Herzog, leyenda viva en Venecia

En el cine hay artistas que parecen más grandes que la propia pantalla. Werner Herzog es uno de ellos. Aventurero, cineasta, explorador de mundos imposibles, su figura siempre pareció desafiar los límites de lo que entendemos por “hacer cine”. Y ahora, a los 82 años, la Mostra de Venecia lo honra con el León de Oro a la Trayectoria, entregado por su amigo Francis Ford Coppola.

La escena tuvo en el centro a un Coppola con la emoción de quien sabe estar hablando de un igual, dijo que no basta con alabar a Herzog, sino que hay que celebrar el hecho mismo de que exista alguien como él. Y remató: “Si Werner tiene límites, yo no los conozco.” y agregó en su cuenta oficial de instagram: “Su vida es un desafío: ¡superame si podés! Yo me comeré mis zapatos si alguien lo logra”. La frase es un guiño hermoso, que hace referencia a aquel famoso episodio en que Herzog realmente se comió un zapato en el cortometraje de Les Blank.

La trayectoria de Herzog parece infinita. Sus ficciones, Aguirre, la ira de Dios, Fitzcarraldo, Nosferatu– marcaron la historia del cine con obsesiones que rozan la locura, emtre ellas, barcos arrastrados por la selva, conquistadores en busca del Dorado, vampiros en clave expresionista. Pero también están sus documentales, imprescindibles para entender cómo piensa el cine contemporáneo, como por ejemplo  Grizzly Man, Encounters at the End of the World, Into the Abyss. Obras que siempre están guiadas por una misma pregunta: ¿qué significa ser humano en este mundo tan vasto, tan extraño?

Lo que emociona es que este premio es la celebración de una vitalidad intacta. Herzog sigue rodando y escribiendo. Es un artista que nunca se acomodó, que siempre fue a contramano, y por eso su cine conserva una energía tan pura.

Que Venecia le entregue este León de Oro es reconocer no sólo a un cineasta, sino a un espíritu indomable. Porque, como dijo Coppola, Herzog no solo es un director o un documentalista. Es también un recordatorio de que el cine todavía puede ser aventura.

Y la prueba de esa vitalidad está en que, el mismo día del homenaje, Herzog debutó en Instagram con un reel haciéndose un asado y una story que anunciaba que llegaba a Venecia. Una postal insólita, entre lo solemne y lo doméstico, que lo pinta tal como se muestra siempre, un hombre que convirtió su vida en cine y que, aún a los 82, sigue sorprendiéndonos.

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